La mañana que traduje a Michael Douglas

 Por Victoria de Vivero


Era una de esas semanas llenas de trabajo, sin parar, que parecía que no acababan nunca, cuando el miércoles pasado, por la tarde, mientras me deleitaba viendo el desfile de final de curso de la Escuela de Diseño, recibí una llamada de Pedro Prieto. Cumplía años, y le había felicitado por Facebook, pero todavía no le había llamado por lo pensé que se estaba adelantando… Me contó, después de la felicitación de rigor a una persona muy especial y querida, que iba a entrevistar a Michael Douglas, y que si quería ser testigo de este acontecimiento (porque para él es trabajo, pero para mi era todo un acontecimiento) y, de paso,  hacer la traducción simultánea requerida, que él estaría encantado. Os podéis imaginar ¡cómo me quedé! De repente, el desfile se quedó ahí, con su música (de fondo), y obviamente acepté la encomienda.

 

 

MICHAEL, MI IDOLO

 

De todas las personas que no conozco, desde que hizo Wall Street, Michael Douglas había sido mi héroe (y el de mis hermanos). Nosotros, estudiando Económicas en el extranjero, queríamos llegar a ser Gekko, el tiburón de las finanzas. Era una meta que los tres nos habíamos propuesto. Luego, el tiempo y la vida, decidió por nosotros… En aquella época, todos queríamos llegar a ser “yuppies”. Ni que decir tiene, que el afamado actor ya nos había encandilado a todos antes de aquella peli con joyas como la del Nilo, junto a Kathleen Turner, y nos habíamos partido de risa con su interpretación en La Guerra de los Rose; ese atropello al gato de la que interpretaba a su mujer en la pantalla, y ese empujoncito al mismo, antes de atropellarlo, con el que le explicaba a Kathleen que: We all need a little push!, y se te quedaba grabada la cara del actor tan real como la vida misma. A esta película creo que la llegamos a ver un centenar de veces, allá en Irlanda, en cinta VHS. Pero de todas las películas que hizo, incluyendo la sesentera serie Las calles de San Fransiscou, como me dijo él, la que más me caló fue la de Falling Down (Un Día de Furia). Esa escena en la que sudaba y se ponía nervioso con el tráfico y los acontecimientos de un día normal y corriente, a la vez que todo se ponía en su contra cuando había dejado de ser directivo y era una persona normal, sin servicio, sin secretaria… ¡Cómo se fue dando cuenta de lo que van costando las cosas entre bastidores antes de servirlas! ¡Qué gran crítica a la sociedad del momento! que, por otro lado, no tiene nada que envidiar a la de ahora, y eso que era ¡la estadounidense! Esa que nos vendían cada dos por tres grandes cadenas, como McDonalds y otras tantas. ¿Quién no quiso celebrar un cumpleaños de niño con Ronald McDonald? ¿Quién le iba a decir a la “mascota” de la generadora más grande del mundo de hamburguesas que luego tendría en los E.E.U.U. un tocayo por presidente? Pero, ya se sabe que allí, todos los sueños se pueden hacer realidad…

Como iba contando, lo primero que se me pasó por la cabeza fueron todas esas impresionantes películas que el actor había bordado y que había dejado en el subconsciente de todos durante décadas... hasta que regresé a la realidad,  que no era otra que entrevistarle en ¡dos días!

Fueron tantos los preparativos que hgice, que el viernes por la mañana me hacía dueña de la peor de las caras.

 

Sin prisa, pero sin pausa, nos acercábamos al lugar digno de veneración: Sierra de Tramuntana, Valldemossa, Costa Nord… ¡Qué paraíso! Se notaba la bajada de temperatura al instante lo que setraducía en menos nervios y más calma. Nos recibieron amablemente y nos ubicaron en un lugar muy acogedor. Allí, a la hora en punto de la cita, llegaba la leyenda andando tranquilo como si de tomar un café con amigos fuese la cosa. Yo estaba nerviosa y no sabía cómo colocarme, ya que de todos es sabido que la primera impresión es la que queda. Obviamos que sombra a la Jones no iba a hacerle, ni de lejos, pero, por lo menos, intentar dejar el pabellón bien alto, como lo requería la ocasión. Así pues, mientras esperábamos levantados en nuestro sitio a la entrada del gran artista, iba oyendo los diferentes saludos mientras él se iba acercando: “¿Qué tal Sr. Douglas?, y le oía esa voz fascinante, la  que si has visto las películas sin doblaje, reconoces al instante… De repente, él apareció delante de nosotros, y me quedé boquiabierta pero el cerebro me ordenó seguir, pues para eso estábamos allí. Así pues, retomé mi compostura y, como si de un personaje se tratara, actué para evitar que mi impresionable persona se dejase ver. Él, tan amable como distraído con tanto saludo, se sentó donde muy animosamente le habíamos ubicado - frente a nosotros, con la torre de la Cartoixa a sus espoaldas- e hizo un guiño a su español. Me quedé de piedra y le pregunté: “Ah! Pero ¿habla español?”, a lo que contestó: “Un poquitou”. Ahí me di cuenta de que no estabaen ese lugar en vano. Lo primero que le di, fue la bienvenida al sitio, y le dije que estábamos encantados de tenerle allí. (Nadie me pidió que hiciera de maestra de ceremonias, pero sentí la necesidad de hacérselo saber.)

 

 

Empezamos rápido y, mientras Pedro hacía las preguntas en español, yo las iba traduciendo simultáneamente, lo que me facilitó mucho la labor si en vez de esto hubiera tenido que leerlas en español y preguntar en inglés. Y enseguida fuimos al grano, que no era pequeño. Las preguntas eran capciosas, incluso punzantes, pero él las tomó con toda naturalidad, digno de un gran profesional en la materia. Eran admirable su preparación para responder lentamente lo correcto (hablaba lentamente para facilitar la labor, un gran detalle por su parte) y la sinceridad de sus respuestas. Se notaba que le salían del alma en ese preciso instante. Sin preparación, él las pensaba y nos las ofrecía con el mayor interés y la mejor de las gramáticas. Tanto que, en una ocasión, tuve que preguntarle qué era lo que quería decir odds, al referirse al porcentaje de probabilidad de recuperación que los doctores le dijeron que tenía. Fue esto por lo que a él, nunca se le pasó “la mortalidad” por la cabeza… Pensando en ese término, me preguntaba por qué no había dicho “muerte” y, más tarde reparé en que era debido a que estaba hablando de la estadística,   y el de la mortalidad era el término correcto al referirse a ella. Me explicó la palabra con gran interés para que la entendiera, como si de uno de sus hijos se tratara, lo cual me hizo notar su capacidad didáctica. A través de sus gestos (que al haberlos visto tantas veces en la pantalla se me hicieron tan  familiares como los de mi propio padre) y de sus ejemplos, logré al fin pillar el significado de la misma. Era como ver la tele, puesto que todavía no podía creer que estaba delante de él. Cuando empecé calificando al último año como  annus horribilis, él confesó que no había sido tal para él, pero que estaba contento de que hubiera acabado.

Veo en él el positivismo de un ganador y de un luchador nato. Es así como la gente con éxito ve las montañas de la vida, como montículos. En ese momento es cuando yo internamente me preguntaba: “Pues si no considera un año así, un annus horribilis… ¿Qué es lo peor que le habrá pasado?”. Me di cuenta que, para personas que han conseguido hacer una leyenda de ellas mismas, los años así no existen.

 

Más tarde, cuando comentó que su primer sentimiento al recibir la noticia de su enfermedad (que fue como la llamé durante toda la entrevista, pues la palabra cáncer, después de tantas historias que hemos oído, me da respeto, incluso pronunciarla) fue el de decepción por no haberla detectado los doctores con antelación, me pareció ilógico, pero he ahí la rapidez de la mente en solucionar los problemas. No se detuvo ni un minuto en sentirse desgraciado, o de hundirse por la posible consecuencia del mal que padecía, sino por la decepción de notar que algo que él sentía que tenía,  los demás, los médicos sobre todo, no supieron detectarlo. También me sorprendio su reacción ante tan cruda y dura realidad, y que no fue otra que, desde el primer instante, prepararse mentalmente para lo que se le venía encima: cuatro sesiones de quimio y siete radiaciones, actitud  que pone en evidencia que es una persona práctica, de mente clara, inteligente, realista, sin temor, y que no da lugar al autocompadecimiento. Cuando le pregunté por el acoso que le sometía la prensa, él siempre se refirió a la de NY, evitando la comparativa con quienes tenía delante, con lo cual quedó claro el respeto que tenía hacia nosotros, los periodistas de aquí.

 

CATHERINE

 

Refiriéndose a su mujer, Catherine, siempre quiso auparla, señalando que estaba trabajando mucho, que había terminado dos películas, y que iba a empezar un musical… Se le llenaba la boca al hablar de ella, pero me chocó la respuesta al decirnos que su vida, al conocerla a ella,  dio un vuelco en cuanto a prioridades y en el concepto de la familia. “Cuando creas una nueva familia a la edad que tenía yo, te das cuenta de lo importante que es poder disfrutar del tiempo que tienes con tus hijos”. Ahí recordé que, gracias a Dios, a esto lo aprendí yo mucho antes que él,  y me ha servido para el ser Gekko de Wall Street… Supongo que a personas como él, atrapadas en todo lo que conlleva ser hijo de otra leyenda y los extras que van ligados a la industria cinematográfica, la vida les ha enseñado esto un poco más tarde.

Cuando le preguntamos si le había sorprendido que su mujer dejase todo por estar a su lado, dijo que no, a la vez que reconoció que eso para él  había servido de  gran apoyo, agradeciéndole que debido a lo grave de su enfermedadl ella se guardó lo que padecía al considerar que era de menor envergadura que lo suyo. Eso sí que es amor, pero amor del verdadero; amor que hace que te olvides de tus problemas por los del otro. Sin duda forman una pareja de cine (haciendo gala del cliché de la expresión), de estas que sólo se ven en películas y pocas veces en la vida real, donde impera el egoísmo con creces. 

Al hablarle  de su hijo, Cameron, observo que se mesa los cabellos, seguramente para hecer tiempo a fin de responder la pregunta lo mejor y más explicitamente posible. Al final responde  que está bien, que le ha notado un gran cambio y que hay gente que con un mes en la cárcel, no tiene suficiente. Me da la impresioin que no le gusta cuando le comparamos con su hijo, de 32 años de edad, Djs de profesión, con un sola pelicula en su haber y actualmente en la cárcel por narcotraficante. “Yo, con 32 años, había hecho ya “Las Calles de San Francisco”, había estudiado en la universidad durante cinco años y había ganado un Oscar…”.

Michael apuntó que parte de los males que padece Cameron puede que sean debido a que él no fue a la Universidad, que te da tiempo a crecer", y a las malas compañías que frecuentó. Una de las cosas que más le afectó de cuanto le ha ocurrido a su hijo en los últimos tiempos  ha sido la sentencia, "que duró más de un año", tiempo  que tuvo que pasar  en una prisión se ve que no muy decente. Sin embargo, ahora, se le nota  contento porque su hijo ha mejorado el entorno, y también porque le llama 3 y 4 veces por semana, y porque él le va a ver una vez cada tres semanas. De la estancia de este en la cárcel le satisface que “hace deporte unas 3 horas diarias,  y porque, asumiendo la responsabilidad de sus actos,  no ha culpado a nadie más que a él mismo de la situación en que se encuentra”. Se ve que han recuperado la calma y han creado una rutina satisfactoria retomando la felicidad en una situación dolorosa y difícil.

En la recta final, abordamos el pleito que su ex mujer, Diandra, mantiene con él por los derechos de Wall Street 2, de los que pretende el 50 por ciento. Impasible, Michael responde diciendo  que los juzgados de NY rechazaron la demanda, que ella apeló, apelacion que ha vuelto a ser rechazada, y ahora sólo puede seguir reclamando en los juzgados de California, señalado que "alguien la aconseja" y que en todo esto "los que más contentos deben de estar deben de ser sus abogados"· Sin darle respiro, Pedro le pregunta si es cierto que Diandra, al saber su enfermedad, le llamó "y ested le colgó el teléfono". Observo el gesto de sorpresa de Douglas, que además me parece auténtico: Sí, leí algo de eso", y dando carpetazo al sunto, añade: "pero a mi no me consta" 

Al finalizar, le preguntamos sobre su futuro profesional.

 

LOS DOUGLAS Y MALLORCA

 

Es evidente que la enfermedad  le ha enseñado  a apreciar lo verdaderamente importante de la vida, y a mi me da la impresión de que se lo ha tomado al pie de la letra." No creo que busque proyectos para desarrollar. Si llega algo interesante ya lo estudiaremos". Pedro le cuenta que es un gran fan de Oliver Stone y le pregunta que ¿cómo es él? Michael se ríe. "Es una persona con un alma perturbada, pero  que siempre ha sabido sacar lo mejor a los actores con los que ha trabajado" Y cita varios ejemplos: Woody Harrelson,  en “Natural Born Killers” (Asesinos Natos),  Tom Cruise,  en “The 4th of July” (Nacido el 4 de Julio) menciona  la película de “The Doors” olvidándose del nombre del protagonista… Y es cuando rápidamente me pongo a pensar, porque era uno de mis favoritos por aquella época de mi adolescencia, y contesto: “¡Val Kilmer!”. Y él asiente: “!Si, Val Kilmer!” y entonces yo flipo a ver él había olvidado este nombre y yo no, lo cual me llena de orgullo. Fue ...¿como lo diría? Fue un momento Trivial Pursuit,  con Michael Douglas enfrente, aunque sin tener el juego sobre la mesa.

Le preguntamos que qué es lo que más le gusta de Mallorca y por qué Mallorca, y contesta, tras buscar las palabras adecuedas para poder describir el sentimiento que le embarga al escuchar el nombre de la isla, con un simple  “Continuidad…”, descubriendo que en este momento de su vida,  lo importante para él ha idop pasando al lugar que le corresponde. Se le nota maduro, sereno, asentado y disfrutando de cada momento, incluso de una entrevista que quizás, años atrás, no hubiera sido de su agrado). Y continua: “A los niños les hace mucha ilusión venir, y a Catherine le encanta la isla, que  es tranquila, es espiritual…”. No dijo suficiente, porque seguro que quería decir más pero no encontraba las palabras que denotaran su entusiasmo por el lugar. Es como si te preguntasen por qué quieres a tu marido (sin tenerlo, pero me lo imagino) y piensas en tantas cosas que no sabes ni por dónde empezar.

 

 

Ya dábamos por finalizada la entrevista pero él buscaba agradar y estaba dispuesto a contestar más. Yo no quería perder la oportunidad de preguntarle sobre más cosas, asi que me decidí por una.Qué había sentido cuando Catherine le hizo un homenaje en el 2009, en el momento de recibir el AFI a su carrera cinematográfica, y me contestó, de nuevo, aportando datos: “Pero Catherine no me entregó el premio; lo hizo Jack Nicholson”. A lo que le contesto: “Ya, pero, en tu honor,  te  cantó parte de un musical  como regalo, ¿no? - y añado, escapándoseme un suspiro- ¡Qué regalo más bonito,  y qué sorpresa...! ¡Se te tan  emocionado!” - Michael alza la vista,  como haciendo memoria, luego me mira a los ojos, y me dice: “Si, verdaderamente. Y es muy difícil sorprenderme”. Esto se me quedó grabado. Por último  le pregunté si conocía a Allegra Curtis, amiga mía e hija del desaparecido Tony Curtis, que vive en Mallorca desde hace una temporada.

Antes de dar por finalizada la entrevista,  Pedro le dice que "para mi, su mejor película ha sido Un dia de furia". Evidentemente, a él no le desagrada a la vez que nos recomienda que  veamos una película pequeña que hizo llamada: “Solitary Man”.

Se acaba la entrevista y bajamos al patio a que Julián Aguirre termine su trabajo como fotógrafo. Viendo que me voy a quedar  “sin mi foto con él”  le pido si por favor le importaría hacerse una conmigo, y amablemente me dice que, “¡Claro que no me importa!”.

En lo que Julián se prepara, él me explica que el olivo allí plantado lo trasladaron desde otro lugar. A continuación nos ponemos en situacion de foto: uno al lado del otro, cogiéndome  de la cintura para que la foto quede más familiar. Yo devuelvo el gesto de la misma manera y es cuando me aborda un gran sentimiento filial y de ternura hacia él.

Después de mi foto, seguimos pidiéndole un par más y él, siempre sonriente, intentó hacer felices a todos. Cuando terminamos, se fue por donde había venido, pero antes me da tiempo a decirle: “Ha sido un placer haber podido hablar con usted, Leyenda

Fue mi manera de expresarle lo que sentía y me dio la impresión de que se quedó sorprendido.  Dio media vuelta y se fue andando tranquilo, como había venido, dejando un recuerdo imborrable en mi memoria.

Ahora comprendo a Catherine cuando le dijo en la canción de ese homenaje, en la entrega del premio AFI, que con su sonrisa iluminaba todo y lograba que pareciese que no existiera nadie más.

Le deseo a él y a toda su familia que tengan tiempos más felices que los que les ha tocado vivir últimamente y que sigan disfrutando de su estancia en su paraíso particular este verano y por muchos años. 

 

Victoria de Vivero

Fotos:  Julián Aguirre

 

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