POL Y POL. Moda: ¿libertad o tiranía?

 

Biel Pol: - ¡Jesús, vaya tacones, Joana!

 

Joana Pol: - ¿Te gustan? Mira, mira estos otros zapatos: son para ir a la Cena en Blanco.

 

BP: -  Son una preciosidad. Dile a la dependienta que traiga unos de mi talla, que me los quiero probar. Y saca la cámara, quiero hacerme un par de fotos andando con ellos.

 

JP: -  ¡No serás capaz!

 

BP: - Lo interpretaré como un reto. ¡A estas alturas, y todavía parece que no me conoces!

 

JP: - Qué atrevido eres. En otros tiempos te habían roto los morros y te habrían metido en la cárcel.

 

BP: -  O me habría hecho de oro. ¿Tú no has visto Víctor o Victoria? Ooooh, mira, miraaaa, cómo me resaltan los gemelos y la musculatura de los muslos, ¡Dios mío, me hacen unas piernas fabulosas! ¿Qué tienes en esa otra bolsa? ¿Qué es eso, un corsé?

 

JP: -  ¡No lo saques! Biel, eres terrible, devuélveme esa faja, ¡es para la Cena en Blanco! ¡Quiero estar maravillosa!

 

BP: -  No, no, déjame que me lo pruebe, tonta… Anda, ayúdame…

 

JP: -  Ni hablar. Biel, ¡que nos está mirando todo el mundo!  

 

BP: -  Venga, mujer, ayúdame a abrocharme esto… así… uf… Espera, me pongo la camiseta encima… Señorita, no se ría, écheme una mano, ¿quiere? La faja es un poco cutre, Joana, lo último es llevar corsé, aunque sea más incómodo es más sexi. Allí hay un espejo de cuerpo entero, allá voy… La monda, estoy estupendo. Mírame: los tacones resaltan toda la musculatura de mis piernas, me suben el culo y lo llevo más prieto, y la faja acentúa la forma en V del torso, y me hace caminar más erguido… Parezco más alto, más joven y más guapo.

 

JP: -  Biel, ¡llevas taconazos! Como broma está bien, pero ¡ya basta! Pareces una drag queen.

 

BP: - Pero ¿qué dices, demonio de mujer?  ¿No te gustan las drag queens?

 

JP: - Me encantan, pero en su contexto.

 

BP: - Pues te diré una cosa, hermanita: si los tacones son tan maravillosos, los hombres deberíamos poder llevarlos sin que parezca un atuendo femenino. Y tal y como vosotras podéis vestir minifaldas y escotes para mostrar vuestros atributos e ir excelentemente vestidas, nosotros deberíamos poder hacer lo mismo, sin que se considerara una falta de etiqueta, pero no, los hombres no podemos ir a la Cena en Blanco enseñando muslamen ni llevando tacones porque no es una fiesta de drag-queens.

 

JP: - ¿De qué te quejas? Si siempre os las arregláis para hacer la versión "masculina" de todo lo que envidiáis en nosotras. Al final, esta sociedad es cada vez más machista y más hipócrita. Como ponerse colonia, cremitas, tintes  y champús de belleza era de afeminados, inventásteis la gama "for men". ¡Incluso las fajas tienen ahora su versión "for men"! A lo largo de la historia, cuando os ha apetecido llevar tacones, peluca, maquillaje, encajes de seda, joyas o lazos, habéis sido incluso más ostentosos que nosotras.

 

BP: - No, no, con lo de los tacones te equivocas. Sólo hubo un intento muy tímido en tiempos de Luis XIV.

 

JP: - Para ti todos los tacones del mundo, y todos los corsés del mundo, y todos los vestidos escotados que hacen que una mujer se pase la noche más preocupada vigilando que no se le salga un pezón, o preocupada de si se le ha quedado la minifalda metida en las bragas cuando ha ido al baño. ¡Maldita moda! ¡Toda para ti! ¿Y sabes qué? Ponte extensiones también, ¿por qué un hombre no iba a poder presumir de melena en una cena de sociedad? Y ponte pestañas postizas, que resaltarán tus ojos. Yo he cambiado de opinión: señorita, alcánceme aquellos zapatitos planos. Sí, esos. Y la faja te la puedes quedar, Biel. Lo de que el corsé está más de moda no me lo acabo de creer. Me apuesto lo que quieras a que ninguna señora lleva un corsé en la cena.

 

BP: - ¡Porque hace calor! Que si no, más de una lo llevaría.

 

JP: - De todas formas, si me pongo esos tacones iré divina de la muerte, pero me tendrán que llevar en brazos. Quizá los lleve en el bolso, para hacerme alguna foto.

 

BP: - Cobardica. ¡O los llevas o no los llevas! ¿Qué clase de mujer glamurosa eres tú, que llevarías los tacones en el bolso?

 

JP: - Pues eso: mujer, sin glamur. No me importa que digan que no tengo glamur, pero si alguien duda de mi feminidad, le puedo enseñar la pepa. ¡Quítate los zapatos de tacón, ya!

 

BP: - No te pongas así. Era una broma, ¿cómo voy a ir a la Cena en Blanco montado sobre esos zapatos? Las tías que los lleváis seguro que habéis seguido alguna terapia contra el vértigo o un lavado de cerebro contra el terror de quebraros los tobillos o chafaros las narices contra el pavimento. ¿Nos ponen advertencias contra el cáncer en las cajetillas de tabaco, y no obligan a poner las contraindicaciones en las cajas de zapatos de tacón alto?

 

JP: - Eso digo yo: deberían poner fotos de mujeres estrelladas contra el suelo, pies deformados por el uso de taconazos, radiografías de columnas vertebrales atrofiadas... Los tacones son el símbolo de una sociedad enfermiza y superficial, el último ataque por conseguir que las mujeres sigan supeditadas a los hombres, la última forma de represión, tan refinada que las mujeres incluso estamos agradecidas y locas por llevar el último modelo. ¡No me mires así, los tacones los inventó un hombre! Y las carreras de tacones también.

 

BP: - Oye, guapa, que la culpa es vuestra: ellos inventan el instrumento de represión, lo presentan como algo bello, exclusivo, deseable y superfashion, y vosotras caéis en la trampa como pipiolas.

 

JP: - Pues sí. Primero os excitáis, y luego entre vosotros os burláis de nosotras por ponernos todas estas cosas. Bah, a la porra todo eso. A mi edad me he ganado que la gente se fije en mí por lo que tengo dentro, no por lo que aparento fuera.

 

BP: - ¡Y tú que presumes siempre de vivir en una  sociedad liberal, tolerante y pro-femenina!

 

JP: - Pues no siempre es así. Coco Chanel liberó a la mujer del corsé, y los hombres se las apañaron para meterse en el mundo del diseño y tiranizar a la mujer más que cuando le imponían el cinturón de castidad. Las mujeres estamos más esclavizadas y tiranizadas que nunca, y basta prepararse para un evento social importante para darse cuenta. ¡Los diseñadores odian a las mujeres! Les encanta vernos sufrir. Me daría de bofetadas por haber estado a punto de caer de nuevo en ese juego, de pasarme la noche amargada por aparentar que tengo una figura mejor, sin poder reír a carcajadas porque las pestañas postizas me limitan esa expresión o el maquillaje se me corre, de sufrir ampollas en los pies y dolor de espalda por tratar de parecer más alta y estilizada.

 

 

BP: - Resígnate, hermanita. La sociedad quiere que las mujeres seduzcáis por nuestra apariencia. Los hombres quieren que llevéis ropita interior monísima, seductores tacones altos, pechos grandes, cabello largo aunque no sea vuestro…

 

JP: - De todos los instrumentos de tortura inventados por el hombre, el tacón es el más genial: gracias a los tacones, los hombres han conseguido algo que les pone la polla dura y al mismo tiempo la excusa perfecta para reírse de las mujeres.

 

BP: -  ¡Eres diabólica!

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