Un amor de verdad

A veces los amantes retornan a la mente después de unos cuantos años. He vuelto a pensar en D., mi primer amor de una noche, al leer una noticia que dice que las mujeres disfrutan menos del sexo ocasional que los hombres. Es un estudio realizado por la Universidad de Durham en el que el 80% de los hombres afirman que después de una noche de sexo casual se sienten muy a gusto, frente al 54% de mujeres que declaran que las relaciones sexuales esporádicas han sido satisfactorias.

 

Alicia Misrahi. Autora de Sé Mala, Liguemos.com y Todo lo que no has de hacer si buscas amor.
Página web: www.aliciamisrahi.com

Chicas, por favor, ¡pongámonos las pilas! (y no sólo las de los vibradores, que también…). Si se hace sexo rápido y casual (o lento y esporádico), hay que hacerlo bien y sin lamentarse luego….

D. era un hombre alto y robusto, con anchos hombros y un torso espectacular, con esos tres o cuatro kilos de más que hacen a los hombres tan comestibles y achuchables. Era atractivo, pero no guapo (y lo seguirá siendo, pero hace quince años que no sé nada de él). Iba a casarse pronto y entretenía las noches buscando besos y suspiros de placer. Se había prometido a sí mismo ser fiel cuando se casara. De alguna forma, se las arregló para decirme, de una forma delicada, que pasara lo que pasara entre nosotros no nos volveríamos a ver. Y me pareció bien.

Nos sedujimos mutuamente, entre risas y bromas, una conversación interesante y muchas dudas de él sobre el paso que iba a dar que no podía comentar con nadie más.
Fuimos a su casa y continuamos hablando, abrazados. De vez en cuando me daba besos tiernos, a veces sensuales. Me recosté sobre él y nos mimamos. Él era todo ternura.

De vez en cuando, me incorporaba un poco para mirarle.

-Me miras con cariño –dijo, algo extrañado.
-Es que esta es una historia de amor de verdad con fecha de caducidad –repuse.
Nos reímos y nos miramos los dos con dulzura.

Me llevó a la cama de la mano y me desnudó lentamente. Quise besarle y abrazarle, pero me pidió que me tendiera en la cama de espaldas y empezó a darme un masaje. Creo que usó aceite de almendras aromatizado con rosas. Sus manos eran suaves y ágiles y me relajaban y excitaban a la vez. ¡Lástima que en aquella época no existieran los aceites afrodisíacos comestibles! Entre los dos, todo fue muy natural. Nos dejamos llevar por las neblinas del deseo de madrugada, caricias lentas y ensoñadas, complicidad en la piel y fuimos felices. Mmmm, sus labios sabían sonreír, besar, hablar, halagar y devorar con sensualidad y pasión.

 


Dormimos abrazados. Al día siguiente, mientras él todavía dormía, me duché y me fui. Susurré: “Adiós, mi amor verdadero con fecha de caducidad”. A veces lo efímero es lo más auténtico porque no hay presión, expectativas ni miedos, puro presente para disfrutar.
Nunca he vuelto a saber nada de él. Es una historia de amor verdadero que guardo como un tesoro en mi memoria y que revisito de vez en cuando. Toda chica tiene que conocer el amor de verdad con fecha de caducidad al menos una vez en su vida. O más…

 

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