Un finde en Rodriguezlandia

 

Al contrario que la Familia Real, mi santa y yo siempre viajamos juntos. Somos un pack indivisible como algunas promociones en el Carrefour, como Punset y sus rizos, como Fernando Alonso y sus pupas, como un set de Televisión y la mosca.

Pero debido a mis compromisos artísticos, no he podido asistir a un musical dirigido por nuestro amigo, el actor Carlos Gramaje en Premià (Barcelona). Ha ido mi cónyuge y me he quedado solito en casa trabajando. Vamos, lo que coloquialmente se llama “estar de Rodríguez”.

La Real Academia de la Lengua lo define contundentemente:

 

 

Rodríguez: Hombre casado que se queda trabajando mientras su familia está fuera, normalmente de veraneo.


Mientras dejaba a Isabel en el Aeropuerto se me ocurrió. ¿Por qué no dar rienda suelta al Rodríguez que se supone todo varón lleva dentro cuando se encuentra en el hábitat y circunstancias adecuadas?. ¿Seré un Rodríguez de manual?...Vamos a verlo. Y como soy muy sistemático me grabaré y anotaré mi  comportamiento. Como  Darwin, como Margaret Mead; seré un antropólogo estudioso de mi mismo.

Al llegar a casa, pienso en referentes o patrones de conducta: Homer Simpson, los garrulos de las películas de destape allá por la transición, o las modernas pelis tipo “Resacón en las Vegas”  y todas esas de tíos solos o en compañía de otros semejantes, liándola.

 

 

Pienso en Homer en calzoncillos despatarrado en el sofá viendo la tele.  Vale, me quedaré en calzoncillos y así lo hago.

Como me compro el underwear en MU, hoy llevo unos de Antonio Miró. Mmmmm …cojo el mando… ¡Claro!, ¡falta la cerveza!. Pero ahora… lo que me apetece es…¡un Tequila Sunrise!: Tequila blanco, zumo de naranja y un chorrito de granadina y hielo, claro. Me lo preparo y vuelvo al sofá. Me grabo. Parezco un anuncio de contactos. No se… debo estar haciendo algo mal. Pongo la tele para ambientarme y me sale un resumen de “Supervivientes”.

 

Quico Rivera parece una raiz de Ginseng gorda hablando como una botella de Tio Pepe o un muñeco de Vudú contando chistes. Me deprimo enseguida. El experimento no puede alterar mi trabajo . Voy al estudio y me pongo a pintar. Tengo un estudio muy pequeño pero con aire acondicionado. Tengo frío. Me pongo una camiseta de “Bodies” (aquella exposición tan polémica en la que aparecían cuerpos humanos despellejados o cortados en rodajitas). Pretendía ser científico -artística pero a mi me recordó la fábrica de ”Campofrío” en Burgos. En España tuvo mucho predicamento. La ví en las Atarazanas de Barcelona, tras pelear por el ticket, pero me encontré esa muestra en Nueva York sin pena ni gloria ni colas. ¿Seremos los españoles necrófilos?.

La camiseta me gusta porque me da un aire a lo “Sweeney Todd”, el Barbero diabólico de la calle Fleet, que tan bien interpretaba Johny Deep en la versión de Tim Burton.

 

Busco en la radio un Dial de deportes (un Rodríguez escucha deportes ), y allí cuentan horrorizados ( tal que si el EURO se hubiera apuntado al 15 M y estuviera acampado en Sol con rastas), que hay pánico en el “River Plate” ante un probable descenso a segunda división.

A mi, a veces Borges me resulta correoso, imposible pues, ponerme en la piel de un hincha rioplatense o como se llamen. Por lo que cambio a Radio 3 que retransmite  en directo un concierto de “Wild Beast”, que a pesar del nombre, hacen un pop hipnótico y subyugante con mucho falsete y un cierto regusto a  Spandau Ballet pero en contemporáneo.

Acabo una obra, me lavo las manos y pongo a Cecilia Bartoli para que le hinque el diente a Bellini y Casta Diva.

 

Hablando de dientes: La dieta es un punto clave en un Rodríguez. Se supone que te zampas en cantidad superlativa todo tipo de comida basura en el mismo sofá donde haraganeas: Hamburguesas de microondas, perritos, mucho ketchup,…todo desperdigando muchas migas y manchas indeterminadas…

Pues no tengo cuerpo para eso y pienso en una fría crema de aguacate que nuestra entrañable Emilia me ha preparado según mis deseos. Luego unas anchoas del cantábrico y un Verdejo, que es hora de encarar los vinos blancos y/o ambarinos (los Chardonnay, los vinos gallegos del condado, los nobles Ribera, los palomino de Sanlucar…) que producen una siestas con mucho juego onírico que me sirve después para mis cuadros. Siestas de penumbra, pijama y orinal, que decía Cela.

 Todo Rodríguez tiene su momento de reunión con la tribu. El conclave tiene lugar con la invocación de algún partido de fútbol y la reunión se produce con libación de mucha cerveza.

Recuerdo que he dejado de asistir a la “Cena de Blanco”, a un desfile en Titos y a la Traviata en el Principal, para poder trabajar.

Hablo con Isabel y constato que la añoro muchísimo. Ella se lo pasa muy bien con nuestros amigos Toni, Carlos, Miquel Periel, Joan Lluis Bozzo…

 

Y llega un momento clave para un Rodríguez. Llamémosle “momento Lucía la Piedra” o Tracy Lords. Tiempo de Porno (en red o a todo plasma). Veamos…abro el Mac…y antes  teclear “Sexo”, ojeo el correo. El Centro Cultural Cervantes me informa de la actividad en torno al Día E, la fiesta del español. Vargas Llosa en China , Globos en Brasil y famosos eligiendo su palabra favorita… Amo esa lengua antigua y fecunda que ha dado tanta literatura gozosa, tal vez porque nació al lado de cepas de vino, símbolo de sangre, vida y religión.

Estoy seguro de que Homer debe tener toda la filmografía Hardcore, desde Linda Lovelace a Asia Carrera, bajada de Internet.

Punto primero: Como creador que soy nunca hago descargas ilegales. Voy a ver mis CD. ¿Cuál elegiría un auténtico Rodríguez?. Seguramente algo que no pudiera ver con su familia. ¡Ya está!. Aquí tengo dos cosas que a mi santa le ha dado siempre pereza ver:

 “El Hundimiento, los últimos días de Hitler”, con un soberbio Bruno Ganz reencarnando al Führer, ó “Retorno a Brideshead”, la versión fílmica de la legendaria serie de los 80.

Me decido por esta última. Precisamente ahora que se editan por primera vez en España los “Cuentos completos” de Evelyn Waugh, el autor de “Retorno…”, 39 relatos de un ácido y exquisito retratista de la sociedad en la Inglaterra Georgiana.

Y que conste: soy lo más alejado a un puritano.  El erotismo está muy presente en mis cuadros y, por citar algo próximo, en el dialogo final del artículo de la semana pasada (“Huevos frescos y ángeles ocultos”) del que he recibido algún educado capón. Recuerdo ahora, una conferencia magistral de Roman Gubern, sobre el tema, en la Fundació Miró. Pero detesto lo obvio y lo casposo. Y los comportamientos previsibles.

 

Creo que soy un pésimo Rodríguez. No he hecho nada de lo que se supone son sus señas de identidad y modus vivendi. No he reproducido ni de lejos el estilo Homer, aunque me alegro, porque según una eminente neuróloga, la Doctora Anna Pujol, Homer Simpson es un enfermo del lóbulo frontal.

 

Pienso que “Rodriguezlandia” es una fantasía, una ensoñación, la añoranza de una soltería (adolescencia) perdida. Un intento de regresar temporalmente al tiempo pretérito y, pretendidamente, más feliz.

Detesto las Arcadias. Y me siento bien en mi presente de indicativo conyugal.

 

Isabelita: ¡Ya tardas!.

 

 

 

Jaime Roig de Diego

 

 

 

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