Adela es nombre de copla

Desde el principio me llamó la atención verla ir de un lugar para otro cargada con su teclado de 30 kilos de peso. Pero, qué remedio. Una cantante sin música funciona peor que con ella. Por eso lo lleva a todas partes. Y cuando digo lo lleva es que lo lleva.

Aunque, realmente, cuando la conocí de verdad fue la otra tarde, cuando me invitó a tomar una café en su casa y me descubrió su mundo que no se para en ser solo una cantante. Y es que Adela, segun vi, lleva consigo muchas Adelas que sabe distribuir a lo largo de las 24 horas del día, o de los siete dias de la semana, o de los treinta dias del mes, o de los doce meses del año. Y es que, al ser cantautora, actriz, modelo de escultura y de pintura, pintora,  perfomance con o sin artistas, autora de músicas a la carta para pintores, escultores, fotógrafos y diseñadores, además de cocinera y marinera no le queda más remedio que ser como es, eso sin olvidar que también es profesora de piano clásico y musicoterapeuta para gente discapacitada psíquica o física, y que encima cuando llega a casa debe de hacerla comida, limpiarla, hacer la cama y… Pues, sentados en la terraza, desde donde se divisa el mar por encima de muchos tejados,en la que nos tomamos un café mientras me hablaba de sus viajes a la vez que yo le recomendaba otros,  y luego me contaba que al dia siguiente, vestida de domingo y acompañada por el guitarrista Joaquin Cortés, se iba a cantar a la calle, "por que quiero compartirla con mis coplas", como así hizo, le propuse que me escribiera sobre ella. Y lo hizo. A su manera. Como es ella.

 Y... Pues helo ahí.

 

 

 INTROITO, DESARROLLO Y DESENLACE, TODO DE UN TIRON

 Situación ficticia, pero que podría ser totalmente real.

Adela y cualquiera que me conoce, charlando en casa, tras unas cañas por Palma centro, concretamente en El Flexas, un medio proyecto y algún sobrao’ que me ha hecho salir zumbando. Conversación.

 

 

Adela: -¿Por qué yo?.

Cualquiera: -Tú dirás. ¿Qué pensará la “Manoli” del 5º derecha?.

Adela: -¿A caso le importa?.

Cualquiera: –No sé, su hija está casada con X de Y, el hijo de Z.

Adela: - Ya, pero no tiene criterio. Ni tablas. Además, se acaba de separar y está saturada. Sus tres hijos la necesitan. ¡Vaya cruz!, su marido, se acostó con la 2ª becaria de la Erasmus. Se la dieron a dedo. ¡Cama caliente por un día!.

Cualquiera: -¡Debes pensar en el qué dirán!.

Adela: -¡Anda, venga!. ¡Déjame!. ¿Quieres un vino?.

Cualquiera: -Sí, sí. ¿Es de Rueda?

Adela: -No, de los Ribas; de Concha, la de los Oliver.

Cualquiera: -¡Uf, buenísmo!. Me gustan secos.

Adela: -Sabes, niño; mi vida, no es tan caótica como asimila. Hay un orden dentro del desorden. ¡Un desordenado orden!. Hay un por qué en cada vocablo. Hay un antes y un después. Hay un todo en la nada. Un infinito quebrado.

¿Picarías algo? Tengo pasta, con salsa de verduras, tandoori, jengibre y un toque de canela y ron añejo Barceló; las sobras de ayer. Pan revenío’, pero lo tostamos. También, galletas de aceite, ¡Quelitas! y queso blanco. El membrillo, lo hicimos este invierno, en Deià. Eso es otro capítulo a parte…

Cualquiera: -Mmmmm!. ¡Salut!

Adela: Per molts més!

 

 

El guión monólogo de la Dela, con y para Adelita, abierto al Mundo:

 

Idea

Planteamiento

Desarrollo

Final abierto

 

(Yo, hablando en alto. Pensando por lo bajini. Y trascribiéndomelo).

  

El por qué de las cosas, a veces, no tiene sentido. Ya lo decía Ionesco.

¿Por qué mi vida tiene este transcurso?. Por Gasset.

¿Por qué mi rumbo, sopla distinto?. Por Llebeig. Aigua veig, aigua no veig.

 

Yo y mis sombras. Yo y mi delirio.

Yo y mi otro yo. Simplemente, yo.

Sin reflejos, sin sombras, ni destellos.

 

Nací. Compartí, con los 7, de mi numerosa familia de 1ª.

Más pare y mare. Ya van 9, con 2 pes, de Pere y Pitusa.

Sumémosle las 2 tías solteras, Paca y Maruja, hermanas de mi abuelo materno Juan, la pianola alemana, el brasero de latón, Pirri el canarillo enjaulado, que no preso, la baldosa hidráulica mosaica de la sala del recibidor, que siempre estuvo suelta y se comportó de forma revoltosa, los 2 bustos de…¡nunca he sabido si eran Wagner y Chopin, o Beethoven y Liszt!;  y el mismísimo abuelo, Germán de 2º, nacido en el 1916, año del Triquet. Y, por supuesto, que no se me escapará la tan nuestra, querida y “Chopin-tuneada” Valldemossa, el polito de limón del chiringuito de Sa Foradada y las coquitas de patata tan deliciosas, que en aquellos tiempos todavía se podían comprar por un módico precio acorde con su calidad y textura. Te las pesaban sin azúcar hielo, o como prefiráis, el franchute sucre glace.

Suman y siguen, los 42 de mi clase en el Santa María, por orden alfabético sentados, en los pupitres desquebrajados y llenos de chicles multicolores, que se te pegaban en los leotardos de algodón blanco roto. Más de 82 gomas de mascar, coincidiendo, en número, con el Mundial de Naranjito, cuando yo tenía 5 años de vivencias, y casi todos los dientes de leche, entre los que se hallaban, sin lugar a dudas, los molares y los caninos superiores, popularmente conocidos como colmillos. ¡Vamos a ver, Adelita!... como os relataba, 82 chicles entre Trident, Cheiw, Bubbaloo y Kollak. El total, es decir, la suma de  todos ellos, los puse yo en 7º de E.G.B. Ahí fue cuando repitió Tiu.

En Santa Teresita, el coro, las clases de música extraescolares con Pilar, la que se salió de monja; en aquel entonces, secretaria del colegio, profesora de piano y directora del coro de la Iglesia, donde cantábamos desde que no tengo uso de razón.

Con ella también, mis primeros pinitos como profesora desde los 11 años, cuando ya cursaba 5º de solfeo, 5º de piano y 1º de coral, examinándome en el Conservatorio de la Misericordia (soy del plan del 66) y haciendo las veces de creyente, encendiéndole una velita al Cristo de la Sangre, con mi madre, Elvira y la tía Maruja, en la capilla del Hospital General, para ver si con ello, se me ayudaba a aprobar, delante de un Tribunal oral, más carca que las pinturas de El Greco.

Siempre fui de sobresaliente rascado. Aunque la bruja mala, con verruga incluída en su perfil, de mi profesora, por llamarle de alguna forma; sí, ésa, que junto a la otra,  vendía medias en las clases, ¡la Heredia, la mía!, me diera aprobado por curso y me hiciera llorar, diciéndome que tan jovenzuela, no podía interpretar como era debido a Mozart y sus contemporáneos. Ella, la misma que me marcaba con frases de fuego, no sabía hacer la o con un canuto. Lo digo, porque por aquel entonces, todavía se permitía fumar en clase, en los parques y en las estaciones de tren.

También los repasos y refuerzos dados y bien pagados, en casa de las Pallín, en casa de Teba (ahí era en plan trueque por cenas, salidas hotel y domicilio y mucho, mucho amor por parte de Piluca; ¿o era Miluca, la de la González-Moro?. Siempre me pierdo.

Clases particulares  de repaso a todos los estilos, niveles y disciplinas habidas y por haber, en casa de Jon e Íker, con sus padres Marian y Javi, dos vascos estupendos; los 4 Olabe, que me sacaban por ahí, de paseo y a intentar levantar la vela de un enorme windsurf en Illetas Militar.

Todo ello, para pagarme mi chándal rosa agujereado, de Benetton, de 3ª mano, comprado en el Rastro del Nuevo Futuro, que se hacía en el Pueblo Español, bajando las escaleras de casa; ropa de deporte y calle,  acabada de remendar por mi madre, con parches marrones en las rodillas y más de 7 años de entrenos de balonmano con Pedro Baos, su sobrino, mi cuñado Javier; su hijo Toni, digo el hijo de Pedro, el tío de Javi, que es “suegro 2º político” de mi hermana Isabel; Coco, Tano y Txema.

Entre y entre, hubo algún que otro chándal y camiseta, luego ya con el logo de Instalaciones de Antenas Parabólicas Antonio, que nos patrocinaba.

La sudadera amarilla. Siempre he creído en el color canario, y eso se debe a que mi abuelo nació en San Mateo, Canarias. Mi bisabuelo estuvo destinado a algún recóndito faro de la Isla. No comparto el yu-yu de los del teatro.

Dicha tela impresa con el logo del Antonio, nos hizo ganar más de una liga balear. La selección me recibió en Guadalajara, Ibiza, Granada, y ubicaciones varias, por unos 5 años, como extremo derecho, y pivot en contra-ataque, de vez en cuando.

Adelita, la que corría más, la más ligera. Treinta y cuatro (34) Kg. a los 11 años. Lo puede constatar el médico deportivo que me masó en Guadalajara, durante la concentración que se realizó en julio, con 44º C (¡Macho!, ¿dónde están los grados en el Mac?), esos San Fermines. Estábamos los 100 mejores jugadores de infantil de toda España. Yo, que era la más “bicho” (como me bautizó Tano Pomar Forteza, ex de mi hermana Sarita) y la del derechazo más malévolo. La máxima goleadora.

Perico, mi padre, hubiera querido que fuera banquera, como él. Y que no dejara Sa Nostra. También mi hermano, interventor de la 0019 de Avinyó, pero que en aquel entonces, era cajero, recién aprobadas las oposiciones,  con Negre, en la oficina de Son Roca. El único varón de los mochuelos, aprendiz de judo con Eusebio. El Mathius, juez de paz de todas,  y ahora, camino al altar, desde la perspectiva del Vaticano. Eusebio, ya puede dar la comunión.

 

Sigamos.

 

Derechita a las Hermanitas de los Pobres, de General Riera, llegué cantando por la Sibil·la, que no la diseñadora que compró Can Fusimany, Son Rullán.

Decía pues, el Honorable Canto de la Sibil·la, gran protagonista de la Misa del Gallo, la de melodía gregoriana, la misma que ahora canto por bulería, con Cortés, en las calles de Ciutat.

Suerte tiene la Bonet, que la canta en La Seu. Podría cantar Àguila negra en los balcones que divisan la Costa Nort desde casa de Sibila Sorondo, subtitulando el tema como Corb negre.

Pero, ¡que me quiten lo bailao’!.

Más información en mi Facebook https://www.facebook.com/adelaferrersocias.

Como iba largando… pues entonces, decía el patriarca Ferrer, que no dejara Sa Nostra, ni subcontratada por la Rodríguez. Que no dejara el trabajo,  ni volara del nido. Ni de la vera de sus desdichas con la mía madre.

Pero, lo hice. Lo dejé.  Y los dejé. A todos y a todo.

Simultáneamente cursaba mis estudios de 1º de Filología Hispánica en la U.I.B., el 8º de piano en el Conservatorio y realizaba el currele del Monte Pío, con su sede en Son Fuster. Y yo, en el departamento de Comunicaciones y Protocolo, dentro de Relaciones Institucionales, dirigido por Conrado de Villalonga y coordinados los subdepartamentos del organigrama del 96, por Pasqual y Grignano di San Carlo Bebbia (…perdón Carlo si lo he escrito mal…). También azafata de congresos, secretaria y voz en la megafonía del Salón de Actos y recepción de la central, edificio mantenido por Gralla y Viñals (padre); y en los autobuses de los de CECA y sus marchas ciclistas por la Isla.  

Entonces pues, me fui a Pro-Art Música, a trabajar en un método sin alas, sin nombres ni apellidos, porque su dueño, así lo quiso. Si os contara… En aquel momento, Llopis, el dueño y director de mi futura escuela, todavía seguía siendo jefe de los programadores, en la Central Verde, presidida por Forcades, dirigida por Batle y vestida con las plumas de Jakober. ¡La puerta giratoria costó un potosí! Las plumillas y los neones, ni os lo recito.

Tras 2 añicos más, me presenté a un casting en el Auditorium. El Diario de Mallorca, manchado con aceite del llonguet de formatge mahonés,  ponía:

“Se necesitan músicos y actores para gira de más de 6 meses”.

Jaume Nadal y yo, lo leímos a la vez, en bares distintos. Me llamó y nos presentamos a las pruebas juntos. Él no tuvo ángel.

Se iba a repetir el Peter Pan que se estrenó en Madrid, 5 años antes, con la Blanca Portillo de Wendy.

Mi madre, Catalina Isabel, reafirmaba que no abandonara la docencia, ahora que ya estaba fija, y no con contrato por Obra y Servicio de Tiempo Indeterminado, como me inicié.

Pero así lo hice, y volé, todo recto hasta la mañana, como decía el prota de…sabéis, ¿no? hacia Teatre Educatiu, del Oliver, el que antes, durante aquel Gobierno del Psoe, tenía Factoria Cultural.

Dos años y pico de gira y vueltas, de faranduleo y tablas, camas baratas y peleas, para hacer de niño perdido y pirata, de compositora, músico-intérprete y compañera de proscenio y de entre-cajas; actuando, cantando, malabareando y tocando el piano.

Con Gonzalo Baz, el mismo director de la Portillo y el actor de “Abre los Ojos” en aquel primer Barrie; ahora con el equipo del Peter Pan mallorquín-catalán, grandes todos; y estrenado el 12 de octubre en la Mozart del Ferragut.

Más tarde otro 2º casting. Lícita.

Un Romeo y Julieta. Luego un intento de Alicia a través del espejo fusionada con en las Maravillas. Yo hubiera sido la prota-ego-lista y compuesto junto a Noel Quintana. Fracaso. Estrenaron otros, intentó dirigir un valenciano y se salían del Municipal, los que habían pagado por disfrutarla.

Rodar y rodar. Rodar y más rodar. Saltar.

Y caí en Formentera. De visita por 3 días y me empadroné 5 años.

Y crecí, y voté y engordé.

Y adelgacé y me rapé.

Y me tatué.

Y anduve descalza, canté en el mercado artesanal de El Pilar de la Mola, dormí en cuevas, embarcaderos y en el barco de Juanjo, que entonces estaba en Francia, y me dio carta blanca, porque Philip, el padre de Max de Ojos de Brujo, le llamó. El barco de madera, de 10’34m. estaba varado frente La Sèquia, en La Savina. Salgo en una tira de la revista Navegar de ese año. No puedo recordar ni qué fascículo ni qué fecha, pero lo tengo en físico, no en fotocopia, ni digital.

 

 

También viví entre sabinares de El Molí de Sal, y arcillas y tierras rojizas de la zona de El Pirata; el de Migjorn. Además, en otras muchas ocasiones, la Rossi me dio pino, roulotte, casa, agua de cisterna, enseres, ropa y comida,  y mucho amor y comprensión, en su hogar de hechizera de Sa Talaia s/n, casa de uno de los magnates de la Isla de Formentera, (un Marí, Tur i Mayans, todos los apellidos juntos).

A ver, decía que Sa Talaia, es el punto más alto, que divisa, ya al alba, toda la menor de las Pitiüses y deja descifrar el viento que corre ese día al despertar. Luego entra S’embat  y cambia de tercio. Y tú con él.

Y repetí.

-Niña, Formentera acabó contigo. No vuelvas.- decía mi madre.

-No, mami, me he encontrado en Formentera. Y he amado al “Pastillas”, uno de los pocos que me ha cuidado –repliqué yo-. Sí, mamá, sí. Para bien y para mal. Pero yo, mamá.

Flamencos, cotorras, Ibiza, La Mola y El Terreno. Alguna garza que otra. Porto Salé y Punta Prima. El Cap, L’Estanc Pudent y sus leyendas, Cala Envasté. Punta Pedrera y Can Marroig, ahora sede del CAIB:

 

Horario de visitas La finca está abierta durante todo el año. El edificio no puede visitarse si no se realizan actividades específicas. Información: 971 301 460

                Precio: Gratuito

 

La finca de Can Marroig tiene la consideración de Reserva Natural dentro del Parque Natural de Ses Salines. No hay que coger plantas ni molestar a los animales, y es preciso cumplir, en todo momento, la normativa del parque… sigue AQUÍ 

 

…decía pues, Can Marroig, Puffinus mauretanicus, denominada virot en Ibiza y Formentera , y baldritja en Mallorca y Menorca; finca visitada por el Archiduque en 1885.  No se debe confundir con Son Marroig, Miramar y La Torre del Moro. finca entre Valldemossa y Deià.

La Fonda y el Platé. Y muchas tercios de Voll Damm. También muchos crêpes de la Sisí.

Fui una más entre sus rocas. Entre sus sargantanas y las de “El Mendrugo”, que en paz descanse.

Y canté. Y sentí. Y escapé.

Amé. Amé. Y Amé.

Volví por patas, despidiéndome a la francesa. Eso la 1ª vez.

Pero pude regresar. Y aún me encuentro.

Seguir yendo. Volver, con la cabeza alta, como repito, a todos los rincones que me cobijan y me adoptan.

Y continué siendo querida, amante y amiga.

Mi madre, todavía no lo entiende. O se hace la longuis.

Todavía hoy, hablo de ello en el Ítaka, con la Garzón y en su piano. En su hogar, que es el de todo aquel que ama y siente la Música, y la comparte.

Y los gitanos, de aquí y de allá.  Sus guitarras y su duende, y sus tonadas, que son suyas y las hago mías, pero vienen de las de los dos, es decir, de los árabes y sus años de estancia y regalo cultural, musical, gastronómico, arquitectónico, hidráulico, matemático, etc., aquí. Habría que remontarse al Al-Ándalus (الأندلس) y Pedro Prieto (te mando un beso con soplido, desde aquí), tendría que hacer 5 tomos de esta entrevista en formato relato-teatral.

Volví a Palma. Antigua Residencia Americana de los 50, calle Salud, 62. El Terreno.

El antes y el después, en una decena y más de media, de casas más.

Costitx y la Munar, Alaró, el 22 de los Sagrera en el Borne, por aquel momento no estaba restaurado con el Pla Mirall; los autobuses de la E.M.T. con el dibujillo de Sa Pastanaga,  la casa de enfrente del Rívoli, la antigua, en la que también vivían los Aysa; yo con Forteza, el pintor de Sóller y su girada de cara con la mano abierta, a los 19.

De nuevo Salud, Samaritana, un rato Campos, un poco el coche, Sóller, casas de colegas, inquilina fugaz y armarios varios.

Traslados de pianos, y más enseres, pa’arriba, pa’ abajo, pa’l centro. Pa’ dentro.

Haciendo pasar pena a la familia. O eso me dice siempre Sara, mi hermana, la graduado social y abogada, ahogada por la hipoteca de calle Colón.

Vuelta al nido, Santa Eulalia, otros trabajos, desparpajo, mucho tabaco, poco sueño y amargo.

Antes y después,  paré por Raïbel deRachid Belhadj, el Maestro Troyan, su acordeón y Sant Miquel, Ibiza, Ciudad Condal, Andraxt, Antibes, Montecarlo. Unas cañas en Niza. Barcelona de vuelta, mi intento de ser acomodadora en el Circo del Sol, durante su gira por la Península; Sevilla, Coria del Río, el Guadalquivir y Los Crema. Berlín entre medias, de performance con la Resistencia, Fomento de Turismo y la Estarellas; por 5 días, que parecieron 3 años.  Todavía espero el trueque de Olimpia Velasco. Con Víquez, coincido en inauguraciones, fiestas de mostrar y en San Telmo, cuando voy a tocar al Quitapenas.

Cocinando, limpiando, navegando, haciendo jardines, dando clases y cantando.

Una exposición he guardado en Manzana 50, de Fuentes. Trabajé por y parar la del escultor vasco.

Vamos, VIVIENDO, en mayúsculas y gerundio. El participio, vivido, en minúsculas.

Y tras chocar de bruces y orejas de burro con la realidad, y desenamorarme magnum itinere, de otro vasco, éste de los barcos, regresé a la Tierra que me observó parir.

 

 

Nunca estuve en París. Siempre me quedará Bendinat.

Mallorca me meció de nuevo; aunque parlara entre el deje de los de Utrera y los de Santa Gertrudis.

Entonces, no era Adela, sino Lola de Palma, la que canta descalza y pasa la falda, Adelita de Formentera, la Mallorquina, la que iba rapada y ahora viste de lentejuela, que no de Prada. La de lunares en las faldas, con zarzillos de ojalata, en Los Manzanilla-Infusión Coplera.

 

- Es mona, la niña, peroooo.

- Sí, sí, pero además entona. Y nada tonta.

-Será hija de alguien. Toca el piano. Se la nota. (Esta había escuchado a Cecilia, y el laísmo, formaba parte de su atuendo de nueva rica).

-No, creo que es bastarda.

 

Y así hablaron. Y así callé. Y así dí el cante.

Todo mezcla. Todo amor. Todo quebranto. Todo y nada.

Y quien nada, no se ahoga.

Y salí a flote. Y volví a las clases, a la docencia. Pero zahareña.

Así que lo dejé.

Y entre y entre; entre cajas, bastidores y telas, bombillas posaderas de las de Bellver, 7  y calles, me fui haciendo, seguí construyéndome. Seguí llorando. Y riendo, sin saber por qué.

El piano y sus estudios de Czerny, partitas, tientos y guiños. Y los lenguajes. Mis manos y sus teclas. Bach. Mis mudas de mar y montaña. Mi embarcadero, mi sal y arenas. Mis higos.

Nuestros caldos. Nuestra Tierra.

Mi Nostrum.

Mi espanto. Mis amantes, sus recuerdos, mis canciones.  

Los amados, los amigos, los vecinos, las que no me soportan. El Barrio.

Y no 1, sino 20.

Y no yo, sino todos.

Y seguí, y seguí. Y no acabo.

Cada día empiezo de nuevo. Cada día despierto, izo y trovo.

Ahora, si no cayo, vuelo.

Si no estoy, salto.

Si te vas, me despido.

Y comparto. Y disfruto. Y lloro. Y por el camino, me voy cantando.

Y lo tengo, y me entretengo y lo pierdo. Y lo cambio.

Y me parto el vestío’ y lo coso. O me lo apaña la Blau Atelier, que es mi hada. O lo dejo así, por su estética.

O la Tiu me cocina y me da cuartel.

O mi ángel Julià calla y otorga.  Él también llora y me mece con su comprensión.

Y quien me conoce, en este escrito no se pierde, sino encuentra mi esencia, que no es nada, sino ella. Que lo es todo, porque piensa. Que no falta, porque existe.

Y simplemente en el blanco de los tules y el azúl de la marea, me siento LIBRE. Me siento ADELA.

 

Ven a casa, mira como cocino, disfruta como amo.

¿Quieres conocerme? https://www.myspace.com/adelaferrer

Escribo y canto, compongo y leo. Y mientras tanto, cuatro acuarelas, un trozo de queso y 2 vinos largos. Un pedazo de Sancho, Santa Teresa y Garcilaso.

 

Y disfruto y me quejo. Y me deshago.

Me apasiono, y desengaño. Enamoro, y me desarmo.

Y me entienden o no, y disfrutan y comparten. Y con ellos, yo, en mi soledad, que es buscada. Y asimilada.

Y me descalzo. Y miro al frente, y poso a ratos. Fotografía, tiento y tango.

Y sigo cantando. Bebiendo.

Y vivo, viviendo en mí.

Y descanso.

 

 

*Todos los nombres son reales o ficticios, las situaciones, las historias, las fechas y números, las calles, las sales, arenas y rocas, las arcillas, las parábolas, los símiles, el quebranto, las poses, los vestidos, los motes, y mi vida.

Espero con ello no ofender a nadie, ni intimidar. Todos y cada uno de vosotros, formáis parte de mi pasado, mi presente y quizá mi futuro.

Dedicado a los que amo, a los que amé y a los que amaré.

Dedicado a mis padres y hermanos, sobrinos, y exes de mis hermanas, de sangre o no. De alma y cama, de rincón y sedas.

Y en el último, que no en póstumo lugar, estos, mis escritos, los regalo, de mi casa actual, a mi queridísima hermana mayor, la primogénita heredera de la saga, y la mejor (puesto compartido con Isabel, la tercera de las hermanas Ferrer) de los 7; la que ya no puede leerlo;  perdida ella en carne, pero encontrada en esencia, Laura Antonia Ferrer Socias (nacida en Palma desde los 0-salida del peligro en Ibiza- fallecida en Palma a los 27). Al cel sia!

Escrito por Adela Ferrer Socías.

Llamada Adela Ferrer Socías de Tagamanent, por mi abuela materna Isabel, la de los Fontirroig de Can Barbarà.

Adela Ferrer, para todos.

Adelita para los que me quieren.

Dela, ahora en Menorca y para Jaume.

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