La Última Romántica

Soy Seda (en los chats) y creo en el amor. Siempre he sabido que había un hombre para mí en algún lugar  y que el destino haría todo lo posible para que nos encontráramos, tarde o temprano.

 

Alicia Misrahi, autora de Liguemos.com, Sé Mala y Manual de la aprendiza de depredadora. Página web: www.aliciamisrahi.com

 

Todos tenemos a nuestra media naranja en algún rincón del mundo. Los más afortunados se encuentran con ella en algún sitio que frecuentan, a algunos la suerte les es más esquiva y necesitan viajar para encontrarle o vivir varios falsos amores y desengaños antes de darse de bruces con el amor real. Otros lo tienen delante de las narices y no lo reconocen nunca. Igual tiene que ver con el Karma.

 

Encontrar a la persona que tienes reservada puede ser una casualidad pillada por los pelos, un segundo de distracción que nos hace girar la cabeza hacia un lugar inesperado, el impulso de cambiar el camino habitual por otro, una decisión súbita de visitar un museo que nunca nos ha interesado… Si creemos en él, al final el amor nos encuentra.

 

De hecho, creo que he encontrado a mi alma gemela. Con él las horas pasan deprisa hablando de todo y de nada. Me hace sentir como nadie me ha hecho sentir en mi vida. Amada, deseada, comprendida.

 

Con él puedo ser yo misma, sin disfraces ni límites. Me hace reír y tenemos vidas paralelas, tenemos mucho en común. Los dos somos hijos de padres mayores, tenemos cada uno dos hermanos con los que nos llevamos muchos años y fuimos un rebote, los patitos feos e incomprendidos.

Me encantan sus bromas tiernas, la forma que tiene de escucharme, cómo se abalanza sobre mí en cuanto aparezco en el chat.

 

 

No puedo creer la suerte que he tenido de encontrarle, por casualidad, en un portal de Internet. Es una página para encontrar pareja donde hay miles de personas, tantas que era imposible que coincidieramos y, sin embargo, nos encontramos en el momento justo e inmediatamente surgió la chispa. Podríamos haber dicho una inconveniencia que nos alejara, haber cruzado dos palabras y habernos distraído con otra cosa, pero, sin embargo, el destino nos unió desde la primera frase.

 

-Me he enamorado –grito llena de dicha a una de mis amigas.

Sonríe tibiamente y me contesta, sin mucha emoción.

-Felicidades, es bien cierto que eres la última romántica.

No sé que quiere decir. Lo interpretaré como un elogio.

 

-Me he enamorado –le confieso a mi mejor amiga después de hablar con mi amado. Todavía estoy alborotada, me siento plenamente feliz, completa, exultante y no veo el momento de volver a hablar con él.

-¿Otra vez? -me espeta sin anestesia mi amiga, la aguafiestas. Se llama Amparo, por cierto.

-Ahora es de verdad. Es totalmente diferente –le contesto con convicción y un poco irritada porque no se alegre por mí y piense que lo mío con Lestat (este es su nick) no sea algo especial. ¿Qué digo especial? Único.

-Sí, como siempre –sigue mi amiga el pájaro de mal agüero. ¿He dicho ya que se llama Amparo? Solía ser mi mejor amiga.

-No, esta vez es el definitivo –le aclaro-. Lo sé.

Hemos quedado para tomar un café y charlar sin prisas, pero me está dando muy mal rollo. Me despido de Amparo precipitadamente y miro el reloj. Puede ser que a estas horas Lestat esté conectado.

 

 

Fiel a su cita, fiel a mí, Lestat me saluda en un privado del chat cuando entro. “Te estaba esperando, mi amor, cada minuto sin ti es tiempo perdido. Eres el faro que me alumbra”.

Lestat no es como Príncipe encantado quien juraba que me amaba y al primer inconveniente se echó atrás. Yo también creí amarle, pero al ver lo que siento por Lestat comprendo que nunca había sentido realmente el amor hasta ahora.  Lestat me dijo una vez, “Si hubiera sido menestar, hubiera recorrido todos los caminos del universo para conocerte, eres mi luna y mi sol, eres lo que más amo en este mundo”.

Nada que ver con las torpes declaraciones de Príncipe, que en aquel momento me parecían sublimes: “el amor que siento por ti es más grande que yo, te daría hasta la última gota de mi sangre si me lo pidieras. Es más, no necesitarías pedírmelo”.

 

-Mi vida antes no tenía sentido. Espero que algún día encuentres a tu amado, al ser que encaja contigo a la perfección y que hace realidad todos tus sueños –le deseo generosamente a mi amiga la mal fario, Amparo.

-Marta, a ti lo que ocurre es que tienes complejo de Bella Durmiente –me apuñala sin piedad.

Tengo una ligera idea de lo que quiere decir, pero no puedo evitar preguntarle.

-Me refiero a que –me aclara gustosa y cruelmente- no sabes vivir y ser feliz por ti misma. Es como si te hubieras pasado muerta toda la vida esperando a que llegue el príncipe azul que te despertara para llevarte a la felicidad.

 

 

En mi cabeza resuenan las últimas palabras de Lestat: “cada minuto de mi vida que no he pasado contigo es un momento perdido”. No me importa lo que diga Amparo, no tiene razón.

Y el sexo es tan bueno… Sus  palabras me transportan a otro mundo. He descubierto cimas de pasión que no había experimentado en mi vida.

 

-Nunca nadie me ha hecho sentir así, me siento viva, me hace sentir viva –intento hacerle entender a Amparo-, especial; me hace sentir la mujer más maravillosa de este mundo. Le amo con una intensidad que no creía ser capaz de experimentar.

-Eso es lo que decías con Aquiles –objeta la malasombra que se autodenomina amiga mía.

-Es totalmente diferente. Eso fue un espejismo. Además, Aquiles era un mentiroso y un liante, sacaba todas sus declaraciones de amor de poesías famosas:

“Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes” ¡JA!!! Palabras de otro, sentimientos robados

-Es bonito –responde, cínica, Amparo.

-Ahora es de verdad, el definitivo –necesito que me crea, necesito que se alegre por mí.

 

 

-También lo dijiste con Alejandro Magno –vuelve a objetar mi falsa amiga.

-¡Ni hablar! Lo de Alejandro Magno fue un impasse porque tenía el corazón destrozado porque Apolo se estaba alejando de mí. Después de dedicar toda la eternidad a escuchar sus problemas y a ayudarle, me dejó por la primera que se cruzó en su camino. ¿Por qué no me crees? Esta vez es de verdad: le he encontrado.

-También lo dijiste con Thor –vuelve a terciar mi amiga la mala follá.

-¿Cómo vas a comparar? Thor no estaba dispuesto a nada por mí, le pedí un día que me esperara una hora mientras iba a ver a mi madre y me contestó que tenía sueño y se iba a dormir.

-Todo el mundo tiene sus compromisos y su vida, eres demasiado exigente.

-¡Menuda porquería de amor que no puede esperar ni un rato! –protesto- O una eternidad, no importa, cuando estás enamorado lo único que deseas es volver a ver a tu amado y cada instante lejos de él es una tortura. Si los dos amantes no tienen ansia de verse es que algo no funciona. No es verdadero amor.

-Pero le amabas, estabas dispuesta a seguirle al fin del mundo. Literalmente, tuvimos que interceptarte en el aeropuerto para que no te fueras a vivir a Medellín –insiste Amparo que tendría que llamarse Abandono.

-Eso fue hasta cuando me di cuenta de cómo era en realidad, estaba ciega.  Nunca estaba cuando le necesitaba y a veces hasta nos encontrábamos y me ignoraba. Amparo, no entiendo por que no te alegras por mí, ¡le he encontrado! ¡Mi alma gemela! ¿Comprendes lo que eso significa?

 

 

-¿Tan bueno es este tal Lestat en la cama? –inquiere mi amiga la mal follá.

-Todavía no nos hemos acostado –contesto sin dudar-, dice que me respeta y que quiere encontrar un momento y un lugar maravillosos para sellar nuestro amor.

-Muy romántico, pero por lo menos le habrás besado, ¿no?

La miro con cara de pocos amigos; mi ex mejor amiga no entiende nunca nada, es totalmente prosaica y anodina:

-Todavía no hemos quedado, estamos bien así, lo nuestro es tan profundo y tan grande que nos desborda y nos llena y nos une y nos transporta y nos retuerce y nos acomete y nos inflama y nos siente y nos derrite y nos enloquece y nos penetra. No tenemos prisa. Además, ahora estoy muy liada.

 

Apunte de Amparo, ex mejor amiga:

“Queridos amiguitos y amiguitas, tened cuidado, el mundo está lleno de personas que sólo saben amar con palabras, que sólo saben sentir virtualmente porque la realidad les da terror. Buscarán mil excusas para no quedar, os jurarán amor eterno y cuando lleguen a las cimas del amor y del éxtasis (¿cuántas veces se puede decir “te amo más que a mi vida” sin que la frase se decolore?), desaparecerán.

No son los últimos románticos son adictos al amor que necesitan droga fresca.

Queridos amiguitos y amiguitas, si sólo queréis un amor tortuoso y apasionado, ellos y ellas os harán sentir los protagonistas épicos de un amor sobrenatural y predestinado. Durante un tiempo…

 

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