Los tips de las grandes seductoras

 

Las grandes seductoras, ya sean cortesanas, intelectuales liberadas, favoritas de los reyes, o estrellas de cine, tienen en común que fueron mujeres  adelantadas a su tiempo, dueñas de sus destinos y de su sexualidad en épocas en las que las mujeres estaban supeditadas a los hombres.

 

Alicia Misrahi, autora de Manual de la aprendiza de depredadora. Página web: www.aliciamisrahi.com/

 

Algunas de estas seductoras consiguieron su independencia viviendo a costa de los hombres que les rendían tributo, otras se negaron a abandonar su vocación artística para casarse y tuvieron amantes que las acompañaron en momentos de su vida, muchas tuvieron vidas alternativas, pero todas fueron mujeres interesantes que atraían las miradas de los hombres y sus deseos sin renunciar a su personalidad y a su vida.

Aun hoy en día podemos aprender de ellas porque, aun en nuestros tiempos, muchas de ellas siguen siendo unas pioneras.

 

Sus trucos de seducción

Imaginación

Cora Pearl, cortesana de la segunda mitad del siglo XIX, usó como pocas el arte de la propia publicidad. En una ocasión se sirvió a sí misma como postre ante sus invitados cubierta de rosetas de nata, una uva en su ombligo y una flor en un pezón. En unas memorias que se le atribuyen, la seductora narra este lance:

“En cuanto quitaron la tapadera mi compensación fue verme rodeada de ojos incrédulos y bocas entreabiertas. Monsieur Paul, como yo me lo esperaba, fue el primero en reponerse de la impresión y con una frialdad afectada alargó el brazo, cogió la uva y se la introdujo morosamente en la boca. Para no ser menos, monsieur Perriport se inclinó sobre la bandeja y con la lengua se hizo cargo de la florecita blanca que Salé había puesto en mi pezón derecho.” A continuación todos, menos monsieur Goubouges, que, como yo esperaba, se limitó a disfrutar observándolo todo, se fueron acercando arrodillándose en las sillas o sobre la mesa, y pasaron por mi cuerpo lenguas y dedos para lamer aquellas dulzuras.”

 

 Cora Pearl 

 

Alguna extravagancia y un sello distintivo personal nunca vienen mal a la hora de promocionarse (o lo que, en nuestro caso es lo mismo, atraer a los hombres). Por otro lado, un festín privado (reducido a dos invitados o como mucho a tres, incluida la mujer dulce) puede ser muy sexy. El sexo es imaginación y fantasía.

 

Personalidad y carácter propios

Quizá la cortesana que llevó más hasta el límite la expresión de su carácter fue Carolina Otero (1868-1965), que definía su temperamento como “la furia española” y presumía de su talante andaluz, aunque en realidad era gallega.

 

La española era famosa por sus accesos de furia cuando la contradecían o algo no salía como deseaba.

No hace falta llegar a estos extremos, pero tenemos que tener en cuenta que la aceptación total, tipo “como tú quieras cariño” y anteponer las necesidades de los hombres a las nuestras no es nada sexy y, además, cansa. Rogar es patético. Mejor pedir lo que deseamos y decir no de vez en cuando. Incluso como terapia: no nos conviene estar demasiado disponibles.

 

Provocación e inteligencia

A pesar de que Marilyn Monroe (1926-1962) no fue una mujer emocionalmente inteligente a la hora de vivir sus relaciones sentimentales o escoger a los sujetos de su devoción, lo cierto es que su desparpajo y su sensualidad arrolladora la convirtieron en una sex symbol deseada por todos.

 

Aparte de por sus curvas y su implacable fotogenia, Marilyn también provocó y conquistó con sus declaraciones. Frases como “El sexo forma parte de la naturaleza y yo me llevo de maravilla con la naturaleza o “No me importa vivir en un mundo de hombres siempre que pueda ser una mujer en él” propiciaron su fama de devoradora.

Una mezcla de accesibilidad y orgullo que nos haga parecer algo inaccesibles son atrayentes: todos desean aquello que no tienen pero que intuyen que, aunque con dificultades, pueden tener.

 

Orgullo

Cuanto más hagamos para que un hombre se fije en nosotras, nos haga caso o se interese por nuestra persona, más se alejará.

Alguien dijo que los hombres son como los gatos, cuanto más los persigues menos caso te hacen y cuanto más los ignoras, más se acercarán a ti. Y si no lo ha dicho nadie, debería haberlo hecho.

 

 

De Josefina Bonaparte (1763-1814), gran seductora que encandiló al mismisimo Napoleón -dueño del mundo aunque pelín bajito-, podemos aprender el divertido truco de reprochar a un amante que nos tiene desatendidas cuando somos nosotras las que no nos lo tomamos demasiado en serio. Lo usó con Napoleón y le fue muy bien.

 

Autoestima alta

La actitud ideal es la de Carolina Otero que aseguraba: ““Que  vean  a los hombres de mi brazo les da un estatus, y eso tiene un precio”.

La Bella Otero simplemente se dejaba querer y hacía lo que tenía que hacer para vivir a todo tren.  

No hace falta conseguir  tributos de los hombres (o sí, según los objetivos y posibilidades de cada una), pero sí tener siempre en mente que les regalamos el placer de nuestra compañía aunque esto es algo que se tiene que percibir sin que se lo digamos, lo cual resultaría extremadamente vulgar.

 

 

Con nuestra actitud debemos transmitir que les concedemos el privilegio de pasar tiempo con nosotras, pero sin parecer unas creídas o unas estiradas. O sea, que, además, hay que expresar que agradecemos los esfuerzos que hacen.

El punto medio es tremendamente difícil, pero nadie dijo que ser una seductora es fácil…

 

Vida propia

La mujer que deja todo por amor, que adopta las aficiones del amado como propias y deja las suyas, que intenta pasar todos los minutos con él, que deja de ver a sus amigos en pro de la pareja a la larga está condenada a la soledad y, al principio de una relación, al abandono precoz.

Ya lo decía la gran Ninon de Lenclos (1620-1705): “el amor nunca muere de hambre; con frecuencia, de indigestión”.

Deberíamos tener muy presente el espíritu de las más famosas cortesanas renacentistas como Imperia (1485-1512) que escribía poesía en latín y griego y dominaba la retórica, la filosofía y las letras clásicas y cuyas principales armas de seducción eran la cultura, la conversación, la inteligencia y un espíritu inquieto y curioso.

Si siempre estamos disponibles, ellos dejarán de estar disponibles. Por sistema, no deberíamos cambiar de planes por ver a nuestro amado.

 

Diversificación

Las grandes seductoras, sobre todo las que vivieron económicamente de sus amores, no se centraban jamás en un solo hombre sino que mantenían a varios en vilo o en espera para concederles sus favores.

 

La maestra fue Ninon de Lenclos, dueña de un prestigioso salón cultural y político. Se rodeó de una corte de admiradores que la financiaba y que se dividía según su rango: el favorito, que como mucho podía durar varios meses, pero también un día; los paganos, que hacían frente a  sus gastos y todavía tenían esperanzas, y los “suspirantes”, que no eran ni ricos ni seductores y no tenían posibilidades pero a los que permitía halagarla.

Sí, realmente es divertido contar con varios hombres para diversas funciones y actividades y para no colgarse demasiado de uno de ellos.

 

Ingenio

El ingenio y la rapidez mental se poseen o no… aunque se pueden estimular leyendo sobre todo tipo de temas y cultivando una opinión propia sobre ellos.

Sin duda, una mujer mordaz no será del gusto de todos los hombres, pero las que encuentren un hombre que sepa batirse en duelos dialécticos con elegancia y humor seguramente  gozarán mucho con él y lo harán disfrutar.

 

La actriz  Mae West (1893-1980), más escandalosa por sus frases en sus películas y fuera de ellas y por su rebeldía que por sus discretos y profusos amores con boxeadores y otros tipos duros, es una buena muestra de ingenio y acidez.

De ella podemos aprender que “El buen sexo es como el Bridge. Si no tienes un buen compañero, es mejor que tengas una buena mano”.

También deberíamos tener muy en cuenta su filosofía: Cuando tengo que escoger entre dos males, siempre escojo el que no he probado.”

Y, por supuesto, "Cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mucho mejor."

 

Hedonismo

Saber disfrutar y encontrar placer en casi cualquier momento son las claves de toda seductora. En lugar de sufrir por no encontrar el amor o porque no podemos fundar una familia, podemos centrarnos en el disfrute de la vida.

Los grandes banquetes con vajillas de oro y diamantes y todo tipo de manjares de Cleopatra; la pasión por la vida y los amantes de la hermana de Bonaparte, Paulina Bonaparte (1780-1825), que desató un escándalo mayúsculo cuando se hizo esculpir como Venus vencedora por Cánova y posó desnuda, o los momentos únicos de Paulina cuando se bañaba, primero en leche (a diferencia de Cleopatra se conformaba con leche de vaca en lugar de leche de burra) y luego se aclaraba con agua.

 

 

Lo extrardinario y realmente sugerente de su baño es que un criado negro (se supone que fuerte y de buen ver) la tomaba en brazos desde el lecho y la sumergía desnuda en su baño de leche. Luego, la aclaraba primorosamente con agua templada.

Dentro de nuestros medios, que, seguramente, no serán tan pródigos como los de estas bellas, podemos disfrutar de los pequeños grandes placeres de la vida y pedir a nuestro amante que nos haga fotografías o nos dibuje, si tiene talento para ello; nos ayude a bañarnos o incluso nos sumerja en la bañera si su fuerza lo permite. Es sensual, le encantará y nos hará sentir tremendamente complacidas y sexys con lo que todo el mundo saldrá ganando.

Será difícil emular las cenas de Cleopatra, pero, con un poco de imaginación y un buen restaurante exótico de comida para llevar, podemos gozar de fantasías muy tentadoras. También podemos pedir que cocine para nosotras y, si realmente lo merece, cocinar para él.

 

Misterio

Carolina Otero se inventó un pasado novelesco que incluía una madre gitana y un padre oficial griego que se arruinó por culpa del juego, un amante con el que la madre se consoló y la muerte del padre por accidente a manos del amante y Lola Montes (1818-1861), irlandesa de nacimiento cuyo nombre real era María Dolores Eliza Rosanna Gilbert, aprovechó que lo español estaba de moda para hacerse pasar por bailarina española y encandilar a un rey, Luis I de Baviera, que perdió la corona por su causa.

 

Ya no se llevan los pasados atormentados, puesto que tus posibles amantes saldrán corriendo ante la idea de que les llores en el hombro, pero puedes resaltar o exagerar algunas de tus cualidades, características o vivencias aventureras o excéntricas.

Misterio… consiste en no contarlo todo la primera vez ni querer impresionarle a cualquier precio en la primera cita.

 

Pasión por el sexo

Según algunas crónicas, la especialidad erótica de las cortesanas renacentistas era un prolongado beso con lengua que recorría de arriba abajo los cuerpos masculinos con estratégicas y húmedas paradas y terminaba en una felación que, después de la espera, los hombres ansiaban.

Sorpresa, iniciativa, deseo, un espíritu inquieto y un acusado lado salvaje se conjugan en muchas de las mujeres que gozaron poderosamente y sin trabas de su sexualidad. Klaus Kinski contó en sus memorias que una antigua novia suya, Edith Edwards, tuvo una relación con la actriz Marlene Dietrich cuando ambas estaban iniciando sus carreras como actrices: “Marlene rompió las bragas de Edith entre bastidores de un teatro de Berlín y, usando sólo la boca, la llevó al orgasmo”.

 

Otra gran ilustre seductora fue Ilustre seductora fue Grace Kelly (1929-1982). Entre sus amores -documentados por su madre, que, poco discreta hizo pública la lista cuando se anunció el compromiso de Grace con Rainiero- se contaron  Don Richardson, Clark Gable, Bing Crosby y William Holden. Gary Cooper le dedicó una frase esclarecedora: “Era muy guapa. A los hombres podía parecerles fría como un pez, pero esa equivocada impresión se mantenía sólo hasta que se desnudaba”.

 

El poder de la diversión

El primer encuentro sexual de Madame Pompadour (1721-1764) con Luis XV fue decepcionante, pero esta mujer inquieta suplía de día lo que estropeaba por la noche con su falta de ardor.  Jeanne era la única persona que sabía divertir al rey, que sufría aburrimiento crónico, con juegos, obras de teatro y conversaciones y se convirtió en su mejor amiga. Tras años de estropearse la salud probando afrodisíacos, renunció a sus “deberes pasionales” y empezó a procurarle al rey bellas mujeres que no pudieran hacerle sombra intelectualmente. Bueno, es una opción…

Para interesar o conservar a un hombre no hay que caer en la rutina, sino que hay que proporcionarle abundante alimento espiritual y diversiones. En palabras de la periodista y humorista Helen Rowland, “la mujer que apela a la vanidad del hombre, le estimulará; la mujer que apela a su corazón, le atraerá; pero es la mujer que apela a su imaginación la que lo conseguirá”.

De todas formas, si no nos devuelve el esfuerzo, mejor pasar página y dedicarse a otro.

 

La puesta en escena

La invención de una primigenia puesta en escena de un strip tease se atribuye a la hetaira Friné (siglo IV a.C.). En una ocasión, cuando se celebraban las fiestas de Neptuno cerca de Eleusis, se situó en la parte más alta del templo, permaneció un instante inmóvil y, seguidamente, bajó la escalinata lentamente despojándose de sus ropas y dejando entrever su cuerpo a través de sus largos cabellos rubios. Una vez desnuda, corrió hacia la playa, se sumergió en el mar y emergió de él como Venus.

 

 

Reservemos el strip tease para pases privados, pero tomemos nota a la hora de aparecer en público o, al menos ante nuestro amante, de que nuestra aparición tiene que ser memorable, lo que se puede conseguir, simplemente, moviéndonos con seguridad y mirando a los ojos.

 

La fidelidad a una misma

Las que quieran ser seductoras y no acabar siendo presas deben tener claro que el enamoramiento es efímero y que no deben dejarse encandilar por el primer príncipe azul de tres al cuarto que pase por su vida.

Carolina Otero, en una célebre frase, reconoció: “he sido esclava de mis pasiones, no de los hombres”. Así fue, los reyes y príncipes de Europa estaban a sus pies y la cubrieron de regalos y joyas, entre ellos el collar de la ex emperatriz Eugenia, otro de la emperatriz de Austria y un collar de diamantes que había sido propiedad de María Antonieta. Se calcula que por aquel entonces su fortuna ascendía a unos dieciséis millones de dólares. Lo perdió todo en la ruleta.

Para las aspirantes a cortesanas o mantenidas, Valtesse de la Bigne, mentora de Liane de Pougy, puede aportar una carta que le escribió a su discípula cuando estaba evaluando dejarlo todo por Natalie Clifford Barney:

 

“Una cortesana no debe llorar nunca, no debe sufrir nunca. Una cortesana no tiene el derecho de ser ni sentirse como cualquier otra mujer. Debe sofocar cualquier tipo de sentimentalismo y actuar heroicamente. Así pues, no seas sensible, Liane. El día en que me hice cortesana renuncié a eso que llaman la sensibilidad del alma. Para mí no existen ya los deberes, ni responsabilidad alguna que no sea para conmigo misma y mi deseo. ¡Qué independencia, qué libertad embriagadora! Reflexiona un poco, Liane: basta de principios, basta de moral, basta de religión.

Una cortesana puede hacerlo todo sin máscaras, sin muecas, sin hipocresías y sin temer reproche o censura alguna, pues nada le afecta. Está fuera de la sociedad y de sus mezquindades. ¿La señalan con el dedo? Quizás en otra época, pero no hoy. Vamos, cortesana de pacotilla y corazón tierno, echa esa loca que te está causando tanto daño y no hace más que enredarte”.

 

 

Objetivos claros

La gran rival de La Bella Otero fue Liane de Pougy (1869-1950), mujer que oponía a la “furia española” de Carolina, su imagen elegante y sensual y su cultura.

La vida de Liane es novelesca: alumna del Sagrado Corazón; esposa y madre; cortesana de lujo; princesa húngara desheredada porque la familia de su esposo jamás la aceptó, y monja devota cuando su matrimonio terminó.

Liane vivía de los hombres y disfrutaba del placer con las mujeres, entre ellas Natalie Clifford Barney (1876-1972), la gran seductora de mujeres, que conquistó, entre otras muchas, a Dolly Wilde, la sobrina de Oscar Wilde; Colette; la pintora Romaine Brooks y la poetisa Renée Vivien.

Sea lo que sea lo que deseamos, primero debemos reconocerlo y no dejarnos cegar por un sueño o por una realidad que al principio puede parecerse a nuestra fantasía.

 

 

Como dijo Ninon de Lenclos: “Cuando nuestros sueños se han cumplido es cuando comprendemos la riqueza de nuestra imaginación y la pobreza de la realidad."

Buen viaje

 

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