MALLORQUINES: Modo de empleo (Agitar antes de usar).

 

Cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro”

Lord Byron.

 

 Si yo no fuera mallorquín, y puesto que tampoco tengo perro, podría decir:

“Cuanto más conozco a los mallorquines más quiero… al bocata de calamares que me prepara mi David del Bar “La otra Oficina”.

Tales son las excelencias palatales de esa humilde pero acertada combinación alimenticia, que llevaría mi bocata a un palco en el Principal si no fuera porque tiene un sabor delicioso pero “canta” en estéreo, y dudo de que él disfrutase de una función teatral o de ópera, porque creo que es sordo.

Últimamente algunos mallorquines aprovechan ir al Teatre Principal, en vez de para disfrutar del acto representado, para liarla e intentar subir al escenario con pancarta incluida, cuando está hablando el Alcalde, (como sucedió en la Gala de los Premios Ciutat de Palma), donde un individuo que creo que también llevaba una señorita ayudanta, como en los números de magos, actuaba de indignado.

Claro, luego te enteras de que ese señor vociferante, era ex candidato de Esquerra Republicana y miembro de LA OBRA (cultural balear), y había recibido ¡¡9.000 Euros!! en Becas de áreas del anterior Govern.

La mayoría de nosotros los Baleares de a pié, no tenemos ni idea de lo que es una subvención. Pero lo que sorprende es la soberbia y la ira ante el cambio democrático. Si un día tuviésemos, en un hipotético huerto, una gallina que diera huevos de oro, estaríamos muy contentos. Al morir la gallina, me imagino que nos resignaríamos ante el hecho natural. Otros vinieron y cambiaron las cosas. Y a algunos incluso nos parecen mejor. Bueno, pues la reacción es la amenaza sicaria de que “Bauzá y compañía tengan problemas hasta para tomarse la sopa” (sic)

Uno comprende que con 9.000 €  a cualquiera se le desarrolle un amor exacerbado, incluso por la lengua swajili o por el lenguaje jeroglífico, si fuera necesario, cueste cortar el cordón umbilical y el destete sea traumático, pero de ahí a llegar a la violencia… ¡Y ese es profesor de música!...(Será la de invadir Polonia).

O sea que desde el exterior puede dar la impresión que el mallorquín (al que llamaremos “de siempre”) es un tipo muy entregado a las peculiaridades de la cultura propia. Pero luego nos damos cuenta de que “hay truco”. Veamos:

Al mallorquín-mallorquín, le gusta mucho recalcar eso: su mallorquinidad.

Si viajas al extranjero con un grupo de mallorquines, y tienes la desgracia de recalar en un autobús con grupos hispanoparlantes (seguramente de Sudamérica), al mallorquín que se autodesigne como portavoz, le faltará tiempo, a la menor referencia a “los españoles”, para decir: “Nosotros somos mallorquines”. Los guías inevitablemente no saben si esto quiere ser una protesta o la petición de algo. No lo es. Es una simple reafirmación. Los catalanes suelen hacerlo con evidente actitud diferenciadora. El mallorquín no: “Somos mallorquines del mismo Palma”, por ejemplo. ¡Ahí queda eso!.

Así pues, al Mallorquín-mallorquín “de siempre”, podríamos llamarle Balanguerín, pero vamos a dejarlo en MM que queda más moderno,

Cuando estás hablando de sushi, de cocina fusión, maridajes, o de tempuras, el MM seguro que sale con un

- “si peró…donde esté un buen frit…¿ehih?

Con ese ¡viva Cartagena!, supones que ese tipo será un gastrónomo de “lo nostro”, pero, desengáñense. MM en general, compra en Mercadona, encuentra caros los tomates de ramellet, y el vino mallorquín le parece fuerte, malo y carísimo (prefiere el Riojita) que además está correctísimo de precio y apañado de sabor.

Si la supervivencia de las nuevas Bodegas, el esfuerzo de los jóvenes enólogos por recuperar varietales autóctonas, por lanzar vinos imaginativos o recuperar los clásicos, devolviendo a la viña isleña la mitad del prestigio que tuvo en los tiempos de Virgilio; si todo eso, digo, dependiera del amor de nuestros MM ¡estaríamos bien arreglados!.

¡Pero si el “Mesclat de matances” lo han reflotado…los alemanes!!!. Y a más de 3 de individuos de esos de la “senaia” y el pañuelito palestino se lo he tenido que descubrir yo, ¡por el amor de Colette! (de Rue Saint Honoré)…

 

Años de ser receptivo de Turismo, ha configurado en el mallorquín una autoestima a prueba de bombas. Tenemos ya digo, la mejor gastronomía (lo de el vino no tiene importancia), tenemos el mejor paisaje y las mejores playas.¡Las más bonitas del mundo!.

Cuando el MM comenzó a viajar y, por ejemplo vió Los Roques en Venezuela, el archipiélago de coral más extenso y bello del mundo, ¿qué hizo?...pues callar como “un puta”. Y si en la intimidad, entre mallorquines, yo, saco este ejemplo, ¿saben lo que MM me responderá?:

- ¡uf!, si, muy bonito, pero el pescado allí en el Caribe ¡no sabe a nada!.

El autoconvencimiento de que como en la roqueta no se está en ningún sitio…es casi general, a lo que hemos añadido mitos culturales como la tesis de que Cristóbal Colon es natural de Felanitx o de Génova.

Un MM nunca admitirá que la sobrasada exista fuera de la isla. Y mucho menos que proceda de la sobrassatta italiana, como apunta D. Bartomeu Frau de Embotits La Luna de Sóller.

Así que, como en la novela romántica de Jane Austen tenemos Orgullo y Prejuicio, a los que podríamos añadir tacañería, que los bienpensantes han denominado austeridad.

 

La aristocracia mallorquina fue decayendo con el mustio olor de las flores marchitas, desdibujándose como clase, evanescente su huella, malvendiendo sus Casals y Posesions… La Burguesía en Mallorca apenas existió, y cuando apareció con el turismo, se dedicó a medirlo todo ( casas, barcos, librerías, putas o langostas) a lo grande (en millones, cuarteradas, eslora…). Todo siempre grande y hortera. Nada que ver con la burguesía catalana que, por ejemplo,  “esponsorizó” el modernismo.

Aquí hubiera sido imposible el dialogo de Gaudí con Isabel Güell que se quejó al genial arquitecto  de que su piano de cola (un Erard), no le cabía en el saloncito de música de la Casa Batlló, debido a las alambicadas formas del art nouveau. Gaudí le recomendó caústicamente

- Isabel, créame a mi: toque el violín.

En Mallorca, la señora hubiera despedido enérgicamente a Gaudí. Aunque por otra parte, ¡como no iba a caber un piano aunque tuviese más cola que una novia, en un chaletazo mallorquín sesentero …

Aquí los únicos que hicieron arquitectura para “épater” fueron los “indianos”, los que hicieros las Américas y volvieron triunfadores cargados de duros y de amor por los cigarros habanos y las morenas de ojos de color de caramelo.

Los demás siempre fueron más bien de la virgen del puño.

El otro día recibí por correo electrónico, un chiste rebotado de facebook, que describe perfectamente este modo de ser:

 

“Un mallorquín de avanzada edad, está en su lecho de muerte. Toda la

familia se encuentra reunida en el piso de abajo, haciendo los preparativos

para el desenlace: abogados, familiares, el párroco. Al pobre hombre le

llega un aroma de “coca de albercocs recién hecha”, su postre favorito, el

que le conecta con su Mallorca querida que está a punto de dejar. Llama

a su hija:

- Antònia Maria, vine!.

  La hija sube rauda

- Si, papà, estás bé?´.

  Él le contesta:

- Antonieta reina, no me podries pujar un bocinet de coca de sa mamà, que   saps que tant m´agrada?´…

Ella le dice:

-No, diu sa mama que sa coca es pes funeral!.

Así somos! : )

 

No he podido averiguar si el texto tiene autor, por lo que espero que me lo diga si es así. O es un anónimo circulante. Seguro que se trata de un viejo chiste, que pervive. He dejado el comentario y el icono final, porque son un auto inculpamiento al reconocer la tacañería como una de nuestras señas. ¿Será la parte sefardí, la árabe, la fenicia…?

 

Sin embargo, para mi, hay en Mallorca una figura que sin pretenderlo, está haciendo una labor importantísima con la lengua: difundiendo esas expresiones casi intraducibles al castellano, recogiéndolas, ilustrándolas de un modo moderno, divertido, rico, imaginativo, rozando el dadaísmo y conectando con lo popular a la vez. Y sacándola a la calle en el pecho de la gente guapa. Se trata de  Pep Cocovet.

Seguro que el no pretendía hacer tantas cosas, solo diseñar camisetas creativas, estampando todas esas expresiones tan mallorquinas.

L’amo en Cocovet quiere que estemos felices llevándolas, sacando pecho, riéndonos también con el lenguaje, que es una forma de comunicación y cultura, hecha T-shirt, diseño, y color. Las camisetas parlantes “Cocovet” las llevan los músicos en el escenario, y los directores creativos, artistas plásticos (ejem), las niñas guapas, los tipos enrollados, las personas con el alma limpia y buen humor; Los de ciencias, los de letras... y podría llevarlas toda la gente que sale en la canción del Colacao.

Pep Cocovet nos hace recordar a todos, que aquí se ha hablado esta lengua vieja y sabia, en hermandad con la de otras tierras y que las lenguas nunca son conflictivas. El problema, son los "tros d’ase" a los que hay que enviar a "caçar mopis".

Au idó.

 

Jaime Roig de Diego.

 

 

Obra de portada: 

"Tony, vine aqui que te rebentaré...!". ROIG DE DIEGO.  (Colección particular).

Los otros montajes gráficos, tambien del autor.

 

 

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