Quiero irme a Samoa

 

¿Os habéis planteado alguna vez si vivimos como nos merecemos? Es decir ¿somos el resultado de todo aquello a lo que la vida nos ha sometido? ¿O por alguna extraña razón e independientemente de lo que hagamos por luchar contra viento y marea, la genética, ésta tonta con memoria, la educación social que nos viene de série y nuestras serias convicciones hará de las suyas si o si? Sé que con estas preguntas no me van a admitir en la Royal Society de Londres, pero es normal que ande algo revolucionada. Se acerca el gran día. El día X. Ese del que llevamos algunos años hablando como si se tratara de un hecho muy lejano en el espacio y en el tiempo. Pues nada. Que el espacio, como todos los que vamos a IKEA hemos podido comprobar, es aquel lugar donde a pesar de tener muchos libros, ropa, cosas útiles y una buena dosis de inútiles que se amontonan ordenada y disciplinadamente puede ser tan grande o pequeño como queramos creer y  más alcanzable de lo que se te antojaba en un principio. Y el tiempo, ese astuto conejo con reloj que siempre dice que llega tarde, miente, porque siempre llega.

 

 

Pues eso, que el 11.11.11, fecha para recordar, es el día elegido por mi "clase" para la cena anual de ex alumnos de La Salle (honorable colegio que me vió crecer) para ¿celebrar? todos juntos ¡que ya somos cuarentones! Y es que uno tras otro, de forma ordenada y cívica, vamos cayendo. Es lo que tiene nacer en el 71. Como en toda revolución que se precie nosotros también tenemos un cabecilla. Antonia. Mujer admirable donde las haya a la que hay que agradecer su gran esfuerzo y tesón por ponerse en contacto con más de 80 personas año tras año y no perder los nervios en el intento. Una gran maestra de ceremonias que no duda ni por un instante liarse la manta a la cabeza con tal de agruparnos de nuevo. Y es que esas fiestas además de divertidísimas son muy sonadas. Una cena y un exámen en toda regla. Una prueba silenciosa a la que nos sometemos los unos a los otros durante toda la noche. Esa reunión te obliga de forma irremediable a compararte con los demás. Ese ha triunfado, ese no, ese da pena, esa se está separando, ese nunca cambiará, caray con fulanita.Teniendo en cuenta que algunos hemos estado más de veinticinco años sin vernos, qué menos que hacernos un  repaso.Voy a ahorrar los detalles porque evidentemente me queda algo de dignidad y no voy a comprometer a nadie con mis comentarios impertinentes. Pero es que lo que pasa ahí no tiene nombre. Y a las 4 de la madrugada, desaliñada, con el pelo revuelto, sudando como una loca y descalza, ya no hay donde esconderse.

 

 

Y tampoco recuerdas muy bien cómo fué, pero las fotos del facebook del día siguiente te obligan a encerrarte en tu casa al menos unos días para que la gente olvide. Cuando las cosas se ponen feas lo más inteligente es quitarse de la ecuación y listo. Tu no haces esas cosas, ¿bailar descalza la conga a la pata coja sobando al de adelante y dejándote sobar por el de detrás? ¡Por Dios, no! Pues parece ser que al final los mojitos de Miguel te hicieron efecto. Este año me he hecho la promesa de portarme bien y no actuar como una mujer desesperada que cree que puede retozarse y saltar y bailar toda la noche sometiendo todo su ser a los mejores planos y ángulos susceptibles de ser colgados en varias redes sociales y de forma simultánea. A ver si soy capaz. Y es justo en estos momentos de mi vida cuando me entra el pánico. ¿Y hasta cuándo haremos esas cenas? ¿Se irán de la misma forma que llegaron hace unos cuantos años? ¿Las retomaremos cuando cumplamos los 67 para poder viajar juntos con las ofertas del imserso? ¿Existirá el imserso entonces? Cuantas preguntas, qué divertido.

 

 

Después de pasarte el EGB suspirando con perder de vista a buena parte de la clase, ahora resulta que un cuarto de siglo después haces planes de vejez junto a ellos. Genial. La vida te da sorpresas. Aunque hay cosas que no cambian como es la ley de la vida. Como en el Rey León, envejeces porque toca y los hijos crecen pidiendo paso por la derecha y sin intermitente. Un montón de Simbas y Nalas que están ahí. Y te advierten de que van a quedarse por mucho tiempo en casa, todo el que puedan. Y no solo eso, sino que además se traerán consigo su "estilo de vida" y que aunque prometen colaborar en todo lo que puedan, tus expectativas y ansias de poder experimentar el famosos síndrome de nido vacío, se esfuman a mil por hora. Has pasado de ser una niña con gafas de culo de vaso que estudia octavo de egebé a matriarca de una tribu que se aferra a ti como un infante hambiento a una teta rellena. Luchas por seguir a flote en un continente que ahora además de viejo es pobre y sin demasiadas expectativas de futuro. Me pone los pelos de punta leer que este año será mejor que el siguiente. Está claro que además del plus tendremos que prescindir del ortodoncista y el mecánico. Fuera braquets y todos en bici. Y eso sin mencionar que en la Tierra estamos ya en overbooking, 7.000 millones de peña, el doble que el 71. Cada segundo, cinco recién nacidos incrementan el censo del mundo. Y mientras yo debo ser responsable de mis actos y aunque lo desee con toda mi alma, no debo comprarme el iPhone 4S  producido por Apple (más de cuatro millones de unidades el fin de semana pasado para satisfacción de la operadora estadounidense AT&T) e ir a Decatlhon a por zapatillas de deporte nuevas para todo el mundo.

 

Joder, me he vuelto a liar. ¡Un momento! ¡Tentol!

 

De repente te asaltan las dudas ¿quiero seguir por éste camino o es momento de abandonar la senda? Sin duda yo no tracé ningún plan incial, simplemente me dejé llevar. Pero la realidad es que me encuentro  en el ecuador de mi vida, borracha de ver Españoles en el mundo, planteándome si lo mejor que puedo hacer es irme a Samoa a poner un bar de tapas y forrarme sin trabajar demasiado y dejarme querer por un hermoso nativo matai.

Samoa es un país que aglutina un conjunto de islas que pertenecen a un archipiélago de la Polinesia al sur del Pacífico. Idílico. Cuando veo esos programas me pregunto por qué no salgo corriendo a comprarme un billete de ida sin retorno. Qué maravilla, podré empezar de cero en un lugar recóndito del mundo y viviré con 200 euros al mes. Puedo vivir en las dos grandes islas, Upoli y Savaií. O en uno de los islotes que la rodean. A elegir entre Manono, Apolima, Nuutele, Nuula, Namua, Fanautapu, Nuusafee y la isla de Nuulopa.

 

Y encima comeré marisco a todas horas. Clima tropical y una media de 26 grados todo el año. El paraíso en la Tierra. Me convertiré en devota de su dios Tangaloa y me aficionaré al rugby en lugar del fútbol. Daré clases de español o castellano, que es lo mismo, y que siempre interesa a alguien, viviré en una bonita casa en medio de la vegetación y daré largos paseos por la playa. Seré dueña de mi tiempo y no me importará nada si mi conexión a internet va lenta, el buzón de voz está lleno o la nevera vacía. A fuerza de ver a parejitas felices contando sus avatares en tierras lejanas solo sueño con establecerme en medio del pacífico. 

 

 

Ellos (los españoles por el mundo) lo cuentan todo maravilloso y tu te sientes una idiota en pijama de Agatha Ruíz de la Prada sentada en tu sofá italiano delante de tu pantalla LCD High Standing de 50 pulgadas panasonic suspirando por ir en pantalón corto camel travel con botas de montaña una camiseta blanca estilo imperio y un machete en la mano o el simple pero favorecedor "lava lava". Cenar verduritas hechas en aceite de coco y zamparme un king crab asado en la foguera. Ni en el Ritz oigan. 

Visto lo visto, tengo dos opciones. Una, preparo un quiche lorraine y voy a la cena de ex-alumnos a ahogar mis penas en una copa de Bombay Sapphire edición luxe o dos, me largo a Samoa.

 

 

Ahora solo tengo que idear un plan para que nadie sufra con mi ausencia.

 

Sandra LLabrés

 

Diccionario

 

Royal Society:  Sociedad que come flan

 

Ikea: El mayor dolor de cabeza de tu visa.

 

Revolución: Cuando no encuentras el conjunto de bragas y sujetador favoritos.

 

Cabecilla: Cabeza pequeña pero no por ello menos importante.

 

Mojitos: Mojos pequeños que te marean.

 

Pánico: Cuando se acaban los tampones.

 

EGB: Educación General Básica, para ir tirando. Antiguamente servía de algo.

 

Rey León: Una peli que si tienes niños, llegas a odiar.

 

Ortodonciasta y mecánico: El primero un cabroncete que te cobra 100 euros por visita, el segundo tu mejor amigo.

 

iPhone 4s: Una flipada que acabaré teniendo.

 

Decathlon: Largas colas para pagar un chandal.

 

Tentol:¡ Que te pares, coño!

 

Españoles en el mundo: Españoles inteligentes que no echan de menos la paella.

 

Nativo matai: Nativo con cargo. Jefe de tribu.

 

Tangaloa: Un dios con tanga.

 

 

 

 

 

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