Vampiros azules

Pongo música y sueño despierta. Llueve sin parar y de repente siento la imperiosa necesidad de protagonizar el cuento de príncipes y princesas, de galanes y divas, de doncellas y caballeros, de humanas y vampiros. Bien entrado el otoño con "Inedito" de fondo, el nuevo disco de Laura Pausini, aquí estoy, oyendo como el viento mece ritmicamente los arboles de la calle, y veo cómo el barrendero recoge toneladas de hojas amarillas, rojas y tostadas,  pensando que por muy insignificante que sea, me siento parte del mundo, que hace tiempo que lucho por defender quien soy y que camino y caigo, aunque tropiece, me levanto y que soy real y que estoy viva, ¡joder!, entonces caigo en la cuenta de que acabo de sufrir un ataque de nostalgia romántica que me obliga a reorganizar mis neuronas. Las he puesto en fila india y mirando al frente, aunque alguna se me despista twitteando cualquier cosa. Remata la estampa Watson, mi perro, arremolinado a mis pies y mi taza de te con una nube de leche. Genial.

Y es que con este cóctel molotov a mi alrededor, es muy difícil sentirse otra cosa que una mujer fragil e indefensa que sueña con un vampiro azul, (es lo que se lleva), que te rodea con sus fuertes brazos protectores y te dirije su dulce mirada y te da cobijo en su suave y depilado pecho pueril. Y si acabas de ver la cuarta entrega de la adaptación cinematográfica de la saga romantico-vampírica de la genial Stephanie Meyer, Amanecer parte I, ya la has liado del todo.

 

Tranquis no os la cuento, pero ya os advierto que es una sobredosis de autocomplacencia femenina donde todos nuestros sueños se hacen realidad, al menos en la primera mitad de la peli. Cambio el disco en mi Spotify y pongo lo nuevo de Chenoa "Como un fantasma", que milagrosamente calma un poco la ñoñería que me invade. Los acordes de la guitarra electrica me comienzan a estimular y ya no me siento tan dependiente del amor y pasión varonil, aunque a poco que cierre los ojos, no puedo dejar de imaginar que Hugh Jackman se acerca a mi  me venda los ojos, me mete en una lancha y me lleva a ciegas rumbo a un paraíso perdido donde me va a regalar toda suerte de atenciones y mimos. Me mirará complaciente y con ganas de hincarme el diente. Busco rápidamente asilo musical en los brazos de Jessie J con su "Who you are" para ver si puedo dejar de pensar en historias de quinceañeras, pero no sé muy bien por qué de repente escuchando los compases de Price Tag me veo en los brazos de un fornido rockero, podría ser perfectamente Keith Urban (perdón Nicole!),  que me sube a la cola de su moto y surcamos el paseo Marítimo de Palma a toda velocidad destino un antro perdido donde me lleva a un concierto y al acabar me encierra en un baño mugriento para arrancarme la ropa a mordiscos. Me invade una descarga de lujuria.

Debo hacer algo con este pensamiento ¡y rápido! porque ahora mismo necesito romance, no sexo. Miradas intensas, roces de mejillas, espaldas anchas y un perfume de hombre que te impregna de dulce olor a amor, de necesidad inquietante, de cálido refugio, de abrazos que funden, de caderas que se atraen...¿qué demonios me pasa? ¿quién a cambiado la canción? Dios mio! Es Patrick Demspsey que me acaba de atacar directo a la yugular. Mejor me pongo una mantita sobre los hombros que empiezo a estornudar sin parar, y me preparo un cafetito. De paso castigo a mi tercera neurona por salirse de la fila sin permiso mientras me despisto con esa locura de remolinos sentimentales fruto sin duda de los efectos secundarios de la amoxicilina que tomo desde hace varios dias por prescripción médica. Llamaré al laboratorio para que los incluyan en el prospecto. 

Y de repento allí esta él, junto a la cafetera, con un esmoquin trasnochado, camisa blanca desabrochada, chaqueta al hombro, elegante, sonriente y con barba de dos días. Su ligero y desordenado tupé corona un rostro casi perfecto que ladea con una mirada arrebatadora mientras me ofrece la caja de cápsulas de Nespresso. Mi Michael Buble particular me acaba de guiñar un ojo al son de "The way to look tonight"

De repente caigo en la cuenta que no quiero luchar contra ésto, al contrario. Quiero soñar despierta, vivir el cuento, intensamente. Creer que el romanticismo goza de plena salud y que yo soy una princesa a la que hay que rescatar y proteger del dragón y elevar al séptimo cielo con una boda de ensueño en un castillo medieval repleto de rosas blancas y los acordes de "She" de Elvis Costello. Quiero sentirme femenina, delicada, sensible, entregada, enamorada, pasional, sumisa. Y quiero que me cortejen, me llenen de atenciones, me ragalen flores, me abracen con ternura, me susurren al oido, me agarren en sus brazos y me mezcan suavemente sin prisas. Quiero que me besen el pelo, me rocen los labios, me muerdan la oreja, me soplen en el cuello. Sentirme el centro de su universo y él del mío. Y dormirme al son de los latidos de nuestros encendidos corazones. En un incalculable espacio de tiempo tengo un flirt con  Dermot Mulroney, Gerald Buttler, Jon Kortajarena, Teo Theodoridis y Jason Lewis. Soy una auténtica princesa encantada.

A estas alturas mis neuronas flipan por un tubo y en un despiste mio se disuelven sin hacer ruido. La última cierra la puerta cuidadosamente pensando que estoy a punto de tener el periodo. Y yo pienso que el otoño y el  Spotify combinado con una bronquitis, es perjudicial para mi salud.

 

Sandra Llabrés

 

Diccionario:

 

sueño: lo que hace que pierdas cada año una media de 100 euros en lotería de Navidad.

 

fila india: la que haces religiosamente para comprar cápsulas de café. Mientras te entretienes mirando a l0s guapos dependientes.

 

Stephanie Meyer: una tia lista con suerte y guapa ¿será humana?

 

atenciones y mimos: que te hace como nadie tu ....amigo gay!!!

 

cafetera: hay la italiana, que hace buen café, y las nespresso y pseudonespressos que lo hacen regular (algunas mejores que  otras) pero te hace más ilu porque todo el proceso es más glam. Y caro. 

 

prisas: las que te entran por ser la primera en entrar en H&M para ver la nueva colección especial baratilla de Versace. Es lo más cerca de tu armario que estará nunca.

 

princesa encantada: cuando en un solo día consigues que: te depilen, te hagan las cejas, te hagan el tinte, las uñas, te regalen la edición VOGUE especial Navidad Luxe, y tu chico te invite a cenar...(suspiro)

 

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